« Una naranja y su destino... | Inicio | El cuento de la princesa »

Mayo 06, 2005

Toys, toys, toys!

Voy caminando por la calle. Aparento tranquilidad. Normalidad. No hay mucha gente en mi misma acera. Que suerte. La calle es de doble sentido, he de fijarme bien. No ha de verme ningún coche cuando llegue el momento. Que vergüenza. ¿Y si lo dejamos para otro día?. No, venga. Que ya estamos aquí, además, no hay ningún peligro. Tranquila. Es algo normal, sino, lugares así no existirían, ¿no? Ya casi estamos. Apenas quedan seis portales hasta nuestro objetivo. Por fin. Me giro de nuevo y no veo a nadie cercano en muchos metros en mi misma acera. Bien. Pero si que hay gente en la otra acera. ¡Que corte! ¿Me estarán mirando? Seguro que lo llevo escrito en la cara. Seguro que estoy roja como un tomate. Ya se acerca el objetivo. No hay tiempo para dudas. Coge aire y relájate. A la de una… a la de dos y…. ¡Ya estoy dentro!

Así de tensa fue la primera vez que hice algo así. La primera vez que me atreví a entrar en un sex shop.

Era un misterio atroz y un morbo inconmensurable lo que me llevó a que me decidiera a hacer aquello. Algo que hoy por hoy es cómo entrar en un estanco, pero claro con una edad con la que, si me hubieran pillado, me hubiesen echado de una patada, lo ves todo desde el punto de vista de estar viviendo una arriesgada aventura.

Lo primero con lo que me topé fueron las carátulas de los vídeos (si eran de alquiler o venta, no lo recuerdo) que permanecían expuestos en las estanterías. Mostraban tímidos extractos de las escenas en ellos contenidas, pero para mí resultaba verdaderamente escandalosos. Ver a esas mujeres tan guapas y tan explosivas me atraía muchísimo al mismo tiempo que me producía respeto y cierto miedo. Miedo a lo desconocido, pero quizá era mi propio destino que ya se estaba forjando y ello comenzaba a producir en mi curiosas sensaciones…

Mi intención, además de saber, de una vez por todas que diablos había tras las misteriosas puertas bajo aquel cartel de neón hortera, era la de agenciarme con algún juguetito. Algo con lo que poder iniciarme y con lo que poder comenzar a explorar mi propio cuerpo.
La vergüenza que pasé cuando el dependiente comenzó a explicarme y a mostrarme todo lo que tenían, fue directamente proporcional a la satisfacción que sentía cuando algún señor que salía o entraba de una cabina me descubría paseando por ahí a mis anchas, sin, aparentemente, ningún tipo de reparo. Me hacía gracia como bajaban la mirada y huían de mi vista, avergonzados por lo que pretendían o lo que acababan de hacer en aquel local. Fue muy divertida la sensación de trasgresión que aquello me proporcionó.

Es curioso, igualmente, cómo, las primeras veces que vi una película clasificada X, me ruborizaba instantáneamente, y si estaba con más gente, era incapaz de mirar a la pantalla. Era algo superior a mis fuerzas.
Con el tiempo, esa actitud, evidentemente ha cambiado. Quizá no por lo que he vivido, todo en la misma línea que cualquier filme de Conrad Son, sino porque durante aquella época en que, por alguna razón, todo el mundo tenía la tarjetita pirata para decodificar el canal Satélite Digital, cuando no había nada interesante en la tele, que era muy a menudo, nos poníamos el 120, 121 o 122 y nos tirábamos toda la tarde viendo porno, tanto hetero cómo gay, y quizá así desmitificasemos un poco la cosa.

Lo mismo ocurre con el tema de los sex-shops. A veces añoro esa inocencia con que miraba a los hombres y con la que concebía el sexo. Parecía que un misterioso horizonte se abría ante mí de forma colosal. Hoy por hoy, ya he recorrido mucho de aquello que un día supuso un territorio inexplorado, pero al mismo tiempo, cada vez estoy más preparada y con más ganas para seguir tirando millas. Puede que ahora ya no haya ningún juguetito que me sorprenda, aunque, tal y cómo avanza la tecnología últimamente… Creo que esta misma tarde, iré a echar un vistazo… no sea que en una semana, hayan inventado algún nuevo artilugio...

Esto lo escribí en Mayo 6, 2005 02:03 PM

Email este post a:


Tu dirección de email:


Mensaje (sólo si quieres):


Comentarios

Uola! Es la primera ves que escribo. Lei tu libro y desde aquella me entre la paranoia de si, tal vez, me gusten las tias...(para que leeria yo este libro?!). No se. El caso es que me pongo a pensar en una situacion asi y me encanta la idea de estar con una chica. Que lio!

Escrito por: LMC at Mayo 6, 2005 02:37 PM

Creo que al fin se acabó la busqueda de tus musas!Me supongo que al fin tendrás un poco de menos jaleo al ver que nos has regalado estos 2 nuevos articulos.GRACIAS.Te van a publicar el libro en Italia y Portugal?¿O a qué te dedicas ahora?¿A los juguetes?jejeje.Tienes razón,que tardes de verano más agradables del satelite digital.
No tardes en escribir de nuevo,necesitamos la "version extendida" de tu libro como necesito yo ahora el sutil aroma de un porro.xD

Escrito por: José Manuel at Mayo 7, 2005 02:22 PM

Hola, Virginia:
He leido tu libro (bueno, mi libro, porque me lo han regalado a mí) y tengo que confesar que me ha provocado sensaciones contradictorias: por un lado no me gusta porque de él se podría deducir que prostituirse, en definitiva, venderse, ya sea en cuerpo o en alma, es algo muy chachi; pero, por otro lado, he de reconocer que engancha, aunque me haya recordado a esas revistas cutres de contactos y testimonios (Gente Libre...).
En fin, no se lo regalaré ni a mi hermana ni a mi sobrina, pero sí a mi ex.
El concepto lujo no lo comparto contigo porque no acepto ladilla como animal de compañia; y hacerle una "liposucción" a un tío repugnante para luego gastarte el dinero en un bolso megapijo que al final se va a quedar en el fondo de un armario, pues tampoco me parece ser de lujo. A mí me parece de lujo la tía que saca su casa adelante y puede ir por la calle con la cara muy alta. Si tan de lujo eres ¿por qué no has dado la cara?
De todos modos, enhorabuena, porque ya tienes algo que contarle a los nietos y con ventidós años sólo te falta montar en globo, aunque hayas usado muchos...
Niuh (camionero no prostituidor)

Escrito por: Niuh at Mayo 8, 2005 07:05 PM


NIUH, se nota q eres un tio sensible.... vamos, q derroxas sensibilidad por cada poro de tu cuerpo....de camionero. Q pasa, q alejandra no puede ir con la cabeza bien alta por la calle?? por q tu lo digas? o por q no alcanza el aprobado en tu barometro de "buena gente"??
Un poquito de por favor, hombre... seamos todos mas tolerantes y nos ira mejor a nivel personal, familiar y social.

CIAO...

Escrito por: JULSAR at Mayo 10, 2005 08:23 AM

No se si Alejandra leera estos comentarios, solo quiero decirle que no he leido su libro pero he descubierto hoy su blog y me he enganchado. Me gustaria saber si hay alguna direccion e-mail donde pueda contactarla.

Escrito por: Sirena at Mayo 12, 2005 02:13 PM

Lei este post y me parecio muy bueno encontrare el libro aunque en mi pais se lee mas Wei Hui con su Shangay Baby pero ni modo me parece bueno tu estilo o tal vez la narracion de tu vida.

Escrito por: Manuel at Mayo 13, 2005 09:29 PM

La inocencia nos parece bonita cuando tenemos experiencia, a toro pasado...

Un beso

Escrito por: HSolo at Mayo 15, 2005 05:28 PM

querida virginia que opinas del bondage? ¿lo has paracticado?¿conoces gente que le guste el tema?
un saludo

Escrito por: fotografo at Mayo 26, 2005 05:20 PM

Hoy e entrado por primera vez en tu weblog,y e estado leyendo el articulo sobre la primera vez que entraste en un sex-shop,a sido muy estimulante,me a recordado mis primeros escarceos en esto del sexo,mi primer revolcon con una chica ,mis miedos,el no saber que hacer................

Escrito por: la musa at Junio 2, 2005 12:02 PM

Hola Virginia:
A mi me pasó lo mismo cuando quise comprarme un vibrador. No me atrevía entrar en un sexshop, pero deseaba tener un vibrador. Me gusta esa sensación de tener algo dentro. No soy homosexual, pero me gusta esa sensación. No me avergüenzo de ello. Gracias por tu webblog.

Escrito por: aleph at Junio 4, 2005 08:45 PM

Escribe tu comentario




¿Recordarme?