« Octubre 2005 | Inicio | Diciembre 2005 »

Noviembre 15, 2005

Woman at work...

alejandra at work2.jpg

Escribo este brevísimo post porque hace ya días que no actualizaba el blog, y esto no puede ser...
El motivo no es otro que el de estar completamente sumergida en mi segundo libro, y claro, aunque ahora me he tomado un break para jugar un ratito al Photoshop y crear la chorrada de collage que tenéis aquí arriba, en realidad, el tiempo es oro, y debería estar aprovechando cada minuto de mi tiempo disponible...

Próximamente más información acerca de éste, sorprendente, desconcertante, original y sobretodo, esperadísimo segundo libro... (Je, je, je... Bien parece que no tengo abuela...)

Alejandra Duque A.K.A. VirGin

Esto lo escribí el 12:21 PM | Comentarios (78)

Noviembre 01, 2005

EL PLACER DE LO PROHIBIDO

AlejandraDuque2peque.jpg
Y, como no podía faltar, he aquí el artículo para la revista Primera Línea, que también ha salido en el mes de noviembre. Espero que os guste.

Sexo. Es una palabra sencilla. Cuatro letras tan solo, pero… tan evocadora. En una fracción de segundo, el término adquiere sentido y repaso fugazmente todo el sexo practicado. ¡Que vértigo!
Sexo. Cada vez que lo oigo (todavía) una parte de mí se ruboriza. Una pequeña parte que intuyo que se trata de la niña que todavía permanece muy en el fondo de mi ser. Oculta tras tantos pseudónimos y personalidades diferentes que no hacen más que marear, aquella niña que yo solía ser aún observa el mundo con la inocencia que le caracteriza. Ajena a las fuertes emociones que la vida y le ha preparado, fantasea con una vida perfecta en un futuro perfecto, donde ni siquiera el sexo forma parte de esa existencia perfecta porque todavía, ni sabe lo que es.
Sí. Así es como imagino esa inocencia que todavía me queda, que, no nos engañemos, no es mucha. Pero no me preocupa. Nuestro pasado es el culpable de que seamos como somos, y, en mi caso, no me arrepiento de que así haya sido, fui yo solita la que decidió embarcarse en ese arriesgado mundo, exponiéndome así a perder parte de mí misma en dicho viaje. Y así fue. Pero, al contrario de lo que pueda parecer. No me arrepiento de nada. Como reza el tópico al que a menudo recurro: “Fue bonito mientras duró”.

Mentiría si dijese que no ha influido nada en mi vida. Es lo que, prácticamente, me ha formado como persona, y ¿sabéis una cosa? Si volviera a nacer, repetiría. No sé como. Pero lo volvería a hacer. En esta vida, lo cierto, es que yo no lo busqué. A pesar de ser una de mis fantasías más escondidas en lo más profundo de mi conciencia, jamás me hubiese atrevido a dar ese primer paso… Digamos que me dieron un “empujoncito”.
Si no fuera porque mi querido Richard me lo puso en bandeja, creo que no se hubiera desencadenado la serie de acontecimientos que me han llevado a escribir estas líneas. De hecho, yo ni siquiera lo necesitaba. Mucha gente entiende la prostitución como un “último y humillante recurso para sobrevivir”, cuando visto objetivamente, también puede ser una elección. ¿No estábamos en un país libre? Pues que se note.
Sé que estáis pensando en todas aquellas chicas traficadas y engañadas, sometidas a ciertos “chulos” y obligadas a hacer Dios sabe qué. Yo, de primera mano, no puedo hablar de ello, por lo que, por eso mismo, os remito a Antonio Salas, Isabel Pisano y demás, que ellos sí que tienen muchas cosas que contar sobre el tema.
He de admitir que hay momentos un tanto desagradables en los que me he planteado, durante unos segundos, si realmente vale la pena. Pero, acto seguido, he sacado fortaleza de donde no la había y me enfrento al problema. Superándolo. De esa manera, me siento cada vez más y más fuerte, y además, preparada para cosas peores que la vida nos puede estar reservando.
Este es también el caso de ciertas ex-compañeras de “profesión”. Podrían haberse limitado a sus trabajos en oficinas o bufetes, o haber decidido hacer horas extras en una tienda o en algún local nocturno. En lugar de eso su decisión fue dedicarse al oficio más antiguo del mundo. Pero con clase.


Mi amiga Miriam es una chica preciosa y muy inteligente. Es la típica “burguesita” catalana, y además, la favorita de papá. Sabe que jamás le faltará de nada, pero ella es demasiado caprichosa. Le encanta el sexo y disfruta arriesgándose. Y todo porque un día, por curiosidad, quiso probar lo que se sentía cuando un hombre poderoso, pone precio a tu cuerpo, a tu belleza y a tus habilidades. Dicen que la curiosidad mató al gato. Y así fue. La mató de gusto.
Ella no lo necesita para vivir. De hecho tampoco le gusta trabajar demasiado, pero la satisfacción que le produce ganar esas cantidades desorbitadas con su propio cuerpo, le supera. En mi opinión, considero que, como a mí me pasaba, siente una ligera adicción por mantener una doble vida. Te acostumbras a mantener tal ritmo que, después, cuesta horrores regresar a una vida normal.

Muy diferente es el caso de mi querida Diana. Es dulce, inquieta y además, toda una erudita. Vive en la capital, y trabaja en una importante empresa donde desempeña un cargo sorprendente para su edad, debido a la responsabilidad y autoridad que su trabajo comporta. Su sueldo es proporcional a la notoriedad de su puesto, por lo que, a simple vista, esta niña parece tenerlo todo en la vida. Sin embargo, su interior nunca está completamente satisfecho con su rutinaria vida de oficina, y sin una vía de escape, creo que se volvería loca. Y no me refiero a un finde en un “Spa” (que también), sino a que Diana necesita sentirse deseada sexualmente. Necesita, de vez en cuando, dejar de ser valorada por su cerebro y por su poder. Sentirse mujer objeto. Sentirse utilizada. Necesita dejar de tomar decisiones importantes y dedicarse a obedecer órdenes cual esclava… tanto de un hombre como de una mujer. Diana y yo, hemos experimentado sesiones muy gratificantes. No solo económicamente (a ella le encanta “desplumar” a sus clientes), sino también sexualmente. Cuando quiere, es un verdadero torbellino.


Mi amiga Rita es una mujer ejemplar. La esposa perfecta. Adora a su marido, y apuesto a que llegó a estar muy enamorada. Es feliz con él, pero, quizá por la gran diferencia de edad, ella se aburre y, de vez en cuando, necesita su pequeña dosis de sexo salvaje y anónimo. Da clases en una escuela privada, pero lo hace más por afición, ya que su esposo está muy bien situado económicamente y se puede permitir prácticamente todo. Pero ella necesita pagarse de vez en cuando sus propios caprichitos y disfruta alquilando su cuerpo a algún que otro extraño. Rita podría estar trabajando de cualquier otra cosa, al igual que Miriam, o yo misma. Podríamos haber escogido un trabajo “normal”; una ocupación que no haya porqué ocultarla a tus amigos, tus vecinos o tu familia. Podríamos haber hecho algo que nos evitara todas esas mentiras acumuladas, esa doble vida imaginaria, esa tensión constante, ese pánico a ser descubierta, aquellas acostumbradas descargas de adrenalina… Pero, precisamente, es por todo eso que escogimos el lado más salvaje de la vida.

Primera Línea

Noviembre 2005

Esto lo escribí el 12:00 PM | Comentarios (41)

Confesiones de una Escort

AlejandraDuque1.jpg
He aquí mi artículo de la siempre maravillosa revista PLAYBOY del mes de Noviembre. Sé que en este blog preferís cosas más originales, pero estoy muy orgullosa de él y no he podido evitar trascribirlo:

Desvelar en unas pocas palabras, los secretos mejor guardados de una profesional del sexo de alto nivel, no es tarea fácil. Es más, si en las próximas líneas, descubriera esa valiosa información al completo, dejaría de ser secreto y, por tanto perdería parte de la magia y el misterio que hacen que la gran fantasía sea posible.
Cuando, en tu tiempo libre, decides introducirte en una agencia donde se proporcionan relaciones exclusivas a elegantes y solventes caballeros, llegas a acumular tal cantidad de inconfesables secretos que el poder desahogarte de vez en cuando con tus camaradas, se convierte en algo necesario.

Al principio, me resultó muy divertido el proceso para “meterme en el papel” de una auténtica «escort». Escuchaba atentamente cada consejo que compañeras más veteranas me pudiesen dar, ya que, al contrario de lo que se suele creer, al menos tal y como fue mi experiencia, no existe esa competitividad ni esas envidias insanas entre las chicas en una agencia de prostitución de alto «standing». Lo que más me divertía, eran las anécdotas y las escenas graciosas que habían podido tener lugar en la agencia, o en hoteles, con chicas y con clientes. Supongo que, sin querer, vas desarrollando un peculiar sentido del humor en ciertas situaciones que, a cualquier otra persona, quizá no le hagan ni pizca de gracia, pero que para ti, es una válvula de escape más, y, por tanto, necesaria...

-¿A que no sabéis lo qué me pasó ayer?- Exclama Marina, nada más entrar por la puerta de la habitación donde nos encontramos.
-Pues bueno, tenía un servicio por la tarde, cerca de Sitges. Se trataba de un productor muy importante que había pedido, de entrada, tres horas.
-¡Ah, sí! Era ese de la televisión, ¿no?- Pregunta intrigada Susana.
-Exacto. Pues eso, que llego, cinco minutos antes de la hora, con el taxi, y me lo encuentro en el jardín, descalzo, regando las plantas. Me hizo gracia verlo así, aunque, en cuanto abrió la boca, pude comprobar que estaba como un cencerro
-¿Era una casa de campo?- Pregunté yo.
-Bueno, si. Era una urbanización, aunque por eso mismo me sorprendió, ya que, podían haberme visto los vecinos y, que yo sepa, este tipo está casado. Pero, vamos, que lo raro no fue eso: Empezamos a hablar, de moda, de viajes, de deportes de aventura, y, claro, el tiempo pasaba y el tío me observaba pero no hacía ningún tipo de acercamiento hacia mí, y cuando yo lo intentaba, me ignoraba. Me sabía mal estar cobrando por no hacer nada.

Marina es una chica preciosa y muy inteligente. Entramos más o menos al mismo tiempo en la agencia, y desde entonces nos hicimos muy amigas. Es una verdadera belleza, y por ese motivo, nos resultaba incomprensible que el cliente no se echase enseguida encima de ella nada más ver a esa deliciosa rubia saliendo sonriente del taxi.

-¿Te había pagado ya?- Preguntamos las dos al unísono
-Bueno… No.- Contestó Marina, algo avergonzada y desviando la mirada hacia el suelo.- Es que me da corte… y si el cliente no dice nada, espero hasta el final.
-Nena, ten en cuenta que eso no siempre sale bien, que hay cada listo por ahí suelto que ni te cuento.- Le aconsejó una enérgica y experimentada Susana.
-Es verdad. Más de un susto me he llevado yo. Basta con que aflojes un poco que ya se te están subiendo a las barbas.- Añadí.
-Pues el caso es que, ya había transcurrido más de media hora y todavía me estaba enseñando un álbum de fotos de su último viaje a la selva de nosédonde, y me lo estaba contando emocionadísimo. Y claro, yo, para no interrumpirle, le dejaba hablar, abriendo mucho los ojos y asintiendo de vez en cuando, aunque en realidad, no me estaba enterando de nada.
-¿María lo sabía?-Se me ocurrió preguntar.

María es la encargada de la agencia. La Relaciones Públicas, por así decirlo. Es la persona que se encarga de mediar entre el cliente y la señorita para concretar cada uno de los encuentros.

-Habían hablado por teléfono un par de veces y luego vino a la agencia, que es cuando me seleccionó por el book, pero no creo que ella se imagine siquiera lo pirado que está. Por cierto ¿Ha llegado ya?
-No. Tenía una comida y vendrá dentro de un rato. Está solo Rosa, como habrás visto al entrar.
-Es que como he pasado a toda prisa para venir a hablar con vosotras, ni me he fijado.
-¡Pero venga, tía! Sigue ¿Qué más pasó?
-Es que, ésa es la cuestión. Si me hubiera pedido que lo insultara, lo humillara, que sea yo la víctima, o bien que le chupara un pie, no me hubiera extrañado tanto, pero es que, al final ¡No hicimos nada! ¡Nada de nada! Solo charlar, y charlar, aunque eso sí, lo del final, ya fue la gota que colmó el vaso… ¡Jugamos con un Karaoke!
-Pero, ¿eso todavía existe? ¡Que fuerte! ¡Que tío más raro!- Exclamó Susana sorprendidísima.-Y yo que creía haberlo visto todo en esta profesión…je je je

Cientos de divertidas conversaciones habré tenido con mis amigas y compañeras mientras estuve en la agencia. Era inevitable encontrarte con alguien cada vez que entrabas o salías de algún «casting » (un término muy utilizado en este mundo, ya que, suena mucho mejor que decir «servicio») y, dado que, salir a la calle podía ser peligroso porque eran horas de estar en una ficticia oficina. Nos quedábamos la mar de tranquilas en una de las habitaciones de la agencia, cuchicheando.
Cuando tu vida entera es una gran mentira para el resto del mundo, necesitas compartir esos retazos de realidad con tus semejantes, consiguiendo, tal vez, que se te haga más ligero el irremisible peso de llevar una doble vida.
Sin embargo, el tema favorito de las cortesanas del S. XXI, no puede ser sino el del sexo. Los hombres y el sexo para ser más exactos. Es ineludible conversar de algo que ocupa un 80% en tu vida. No porque trabajáramos a destajo; la agencia, salvo reservas previas, tenía sus horarios y sus límites, como cualquier otra oficina, pero quieras o no, tu existencia entera gira sobre un mismo tema: El sexo.

-¡Ay, chicas! De verdad que no sé si voy a aguantar más.- Exclama Susana, un tanto apenada por la situación a la que está sometida últimamente.
-¿Problemas con tu novio?-Le pregunto tras percibir en su mirada un atisbo de tristeza, ya convertido en una acostumbrada resignación.
-Lo de siempre, hija. Que es más asexual que una esponja marina. Y mira que siempre lo sorprendo con lencería mega-sexy, juegos excitantes y cualquier cosa que se me ocurra. Bueno, ya sabes tú la imaginación que yo tengo para estas cosas.

Susana tiene solo un par de años más que yo, pero su experiencia vital, da para escribir unos cuantos tomos. Su cabello pelirrojo, la distingue del resto, y la convierte en un cotizado tesoro dentro del mundo del sexo de pago, pero su belleza, no hace sino perjudicarle en sus relaciones «normales».

-¿Y él que hace? ¿No me dirás que te ignora?
-No, si la verdad es que él pone de su parte, pero no hay manera, no lo «enciendo» como quisiera. Es complicado, y más en nuestro caso, que, claro, te acostumbras a que los hombres se gasten verdaderas fortunas por pasar unas horas a tu lado, y que solo con verte, ya se les ha puesto dura, que, bueno, cuando en tu vida privada no ocurre lo mismo, estás que te subes por las paredes…
-Te comprendo perfectamente, Susana.-Le contesto.-Yo, con mi ex-novio, también desarrollé una actitud relativamente sumisa ante nuestra relación por el mismo motivo: El del trabajo. En la cama con él, todo fue siempre a las mil maravillas, pero precisamente fue por mi actitud de «geisha», ya que solo vivía para hacer realidad todas sus fantasías, cualesquiera que éstas fueran. Descuidé a la auténtica Alejandra de mi interior y me concentré en fomentar a una artificial Virginia, desmesuradamente sexual y apasionada.
-Con mi novio, me pasa tres cuartos de lo mismo. Se ha acostumbrado a que sea yo la que esté por él y a que actúe como motor sexual de nuestra relación. Pero llega un punto en el que, si no obtienes nada a cambio, el combustible se te agota del todo.
-Yo lo único que, en el fondo, deseaba de mi ex era que me amase y valorase, aunque, claro, esto lo veo ahora, con la perspectiva del tiempo. Di demasiada importancia a hacer realidad todos sus sueños eróticos.
-A veces, Alejandra, pienso que no podría ser fiel si, en secreto, no me dedicara a lo que tú ya sabes. Quizá sea una contradicción, pero necesito sentirme deseada por diferentes hombres para poder ser feliz con uno solo. Soy una persona muy activa sexualmente, y a veces insaciable, por lo que, sin un mínimo de orgasmos semanales, no podría vivir.
-Si. Tienes razón. Yo también soy de las que necesitan mucha caña, y, después de haber vivido lo que tú ya sabes, creo que tengo más motivos todavía.
-Claro. Además, ya que hay que no hay más remedio, ¿por qué no divertirse haciéndolo?- Añade Marina, con la más pícara de sus miradas.
-Yo, a no ser que el cliente no me guste nada o que ese día esté terriblemente perezosa, intento siempre pasármelo bien y disfrutar con él. Además, esto para ellos vale su peso en oro: Sentir que todavía son capaces de hacer gozar a una mujer. - Contesto yo.
-Si es que al final, llegas a tal punto de confianza con algunos, ¿no? – Continúa Marina. - Yo, con los más «fijos», que llevan ya unos añitos enganchados a mí, me comporto casi como si fuera su mujer. Si antes hacía cualquier cosa para complacerlos, ahora, poco falta para que llegue un momento «romántico» en el hotelazo de turno y salirme por la tangente alegando ése clásico dolor de cabeza tan femenino y escurridizo.
-¡Ja ja ja! Si. Yo también les cojo cariño y todo. Si es que, en el fondo, por muy maduros que se crean, son todos como niños pequeños. Solo necesitan que les den el cariño que ya no reciben en casa…

Alguien me dijo una vez algo que, aunque en principio sonó a piropo, bien pensado, más que un halago, quizá se trate de una martirizada providencia:
«Podrías ser la media naranja de quien te propongas»
Me asusta pensar que puedo ser tan «adaptable», que no me suponga ningún esfuerzo ser la mujer ideal para cualquier tipo de hombre. Sé que es una exageración, pero también soy consciente de la parte que no está tan alejada de la realidad: Cuando transformas un estilo de vida convencional, de una estudiante normal y corriente, en un modo de vivir completamente opuesto, donde además de ganar dinero a espuertas, aprendes a ponerle precio a tu cuerpo y a tu belleza, tu vida, irremediablemente cambia.
Sin darte ni cuenta, comienzas a vivir con más velocidad que el resto de las personas de tu entorno. Eres protagonista de ciertas escenas y testigo de tantas otras que quizá, en otro contexto, jamás las hubieses imaginado. Inevitablemente cambias. Evolucionas. Creces. Pero lo haces de manera desorbitada y descontrolada. Experimentas en tu propia piel cualquier parafília que todavía no ose ni aparecer en el diccionario, y poco a poco dejas de ser la niña inocente que aun se atreve a reflejarse en los espejos, para dar paso a una eficiente y eficaz mujer capaz de hacer que los hombres piensen que es verdad lo que ellos quieren creer.
Mentiría si dijese que una experiencia así no me ha aportado nada. Mentiría si declarara que si no hubiese sido nunca una escort como la copa de un pino, ahora sería la misma Alejandra que soy. Mentiría si afirmase que me quedan restos de culpabilidad por haber actuado como actué. Por lo tanto, soy sincera al admitir que, al menos en mi caso, (el cual, soy consciente de que no es lo que más abunda) además de una aventura prohibida, ha supuesto una experiencia vital de un valor incalculable. Gracias a haber sido, durante un breve espacio de tiempo, una meretriz de altos vuelos, además de hacer realidad casi todas mis fantasías sexuales, me siento, de alguna manera, más preparada para la vida.
No quisiera hacer apología de la prostitución, ni mucho menos, pero he de ser sincera conmigo misma y con mi historia, por lo que no puedo evitar mencionar que para mi, y en mi caso concreto, considero haber vivido una experiencia digna y especialmente gratificante. (y no me refiero al sentido económico de la palabra).
He aprendido mucho de todas y cada una de las personas que me he encontrado en este, a veces tortuoso, camino. Para una niña como yo, compartir una velada con un importante banquero o un notable empresario, podía ser más enriquecedora que con un famoso televisivo. Al principio es excitante, sobretodo porque sabes lo valiosa que puede llegar a ser esa información para algunos, pero, al fin y al cabo, son hombres como cualquier otro y al fin y al cabo, en pelotas, somos todos iguales.

Por suerte o desgracia, este mundo sigue estando gobernado por el hombre. A mí, personalmente, no me desagrada, de hecho, si ser feminista supone ser anti-hombres, en este preciso momento me declaro la mujer más machista del mundo. Entre otras cosas, porque, después de lo que me ha costado entenderos, estudiaros, y, finalmente, aprender a utilizaros con cierto éxito, no me haría nada de gracia tener que empezar de cero con las de la acera de enfrente. Sinceramente, me apetece mucho más que todo siga como está: Que los hombres mantengan su poder para poder disfrutar de él de vez en cuando junto a dulces conejitas, como la que esto escribe, por supuesto…

PLAYBOY Noviembre 2005

Esto lo escribí el 11:50 AM | Comentarios (16)