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Enero 25, 2006

Sin demanda, no habrá oferta.

Ayer, en Arucitys. El programa dirigido por Alfonso Arús en Citytv, comentaron que habían hecho (de nuevo) una redada policial en un famoso macro-burdel de carretera en la autovía de Castelldefels que todos sabemos cual es. Teóricamente, buscaban a chicas sin papeles, y del centenar de mujeres que deben trabajar ahí dentro, solo tres no estaban en regla. Sin embargo, esa es la excusa oficial, y el motivo original es el de “asustar” a la clientela, ya que, y según opinan, dado que los clientes no pueden ser imputados porque en este país no está penado acudir a este tipo de servicios sexuales, habrá que hacerles cambiar de idea de alguna forma, ¿no?

En resumen: Es la demanda la que crea la oferta, de modo que sin esa clientela no habría mujeres prostituyéndose. Parece sencillo pero yo creo que es imposible.
Si esta teoría parte de la idea de que las mujeres que se prostituyen en la calle son víctimas de la explotación sexual, es normal que se quiera “limitar”, relegándolo a locales y pisos. Sin embargo, no tiene sentido que se metan con un local como ese de Castelldefels, aunque, pensándolo bien, quizá lo que se pretende es que aunque la prostitución continúe existiendo (jamás se podrá erradicar) al menos, no se haga a la vista de cualquiera.
De alguna forma, y aunque es un planteamiento hipócrita, tiene sentido. Ver como unas chicas venden sus cuerpos en los alrededores del Camp Nou, en La Casa de Campo o en la calle Montera, por dar unos ejemplos, aunque respeto a todas y a cada una de las mujeres que se dedican a ello, admito que es un espectáculo tristemente desagradable. (Y que además, nunca llegaré a comprender. Si eres una mujer libre (sin proxenetas de por medio) ¿por qué ibas a hacerlo en la calle, malvendiéndote y arriesgándote al 100%, en lugar de hacerlo con la seguridad y tranquilidad que te puede proporcionar un piso?)
En Suecia, en 1999 se aprobó una ley que penaliza a los clientes. De ese modo se redujo notablemente la prostitución callejera, trasladándose a locales y burdeles.
Hay ONGs que exigen la abolición total de la prostitución bajo el lema “Regular la PROSTITUCIÓN es legitimar la VIOLENCIA contra las MUJERES”, y hay asociaciones de empresarios que buscan todo lo contrario: La legalización de ésta, pudiendo así ellos continuar tranquilamente con su negocio, que directa o indirectamente supone estar ganando dinero gracias a los servicios sexuales ofrecidos por las señoritas. Este es un tema muy interesante, y para saber más, os remito a Antonio Salas.
Sin embargo, en Europa lo que se desea es “limpiar” las calles de todo lo relacionado con la prostitución. ¿Y como hacer eso? Pues la única manera es seguir los pasos de Suecia y “atacar” al cliente. El gobierno británico, ya tiene una propuesta, donde, no solo se multará al cliente que acuda a este tipo de servicios a pie de calle si no que además le retirarán el carné de conducir. Sí, sé que no tiene nada que ver una cosa con la otra pero así esperan que la prostitución en Londres, se limite a los locales, para el bien de todos y desaparezca de una vez de las calles.
Sin ir muy lejos, en Madrid se está tratando de que la ciudad sea incómoda para los clientes, poniéndoles trabas y pretendiendo así que al reducir la “demanda”, la “oferta” pueda ver que tiene otros caminos a seguir (teóricamente con ayuda de la propia Comunidad de Madrid, impartiéndoles cursos, proporcionándoles información…).
Yo lo veo un poco difícil. Por muchos obstáculos que les pongan, los adictos al sexo, habituales de ese tipo de lugares, encontrarán la manera de seguir dándose ese placer al cuerpo, sea en una zona nueva, sea en burdeles o sea donde sea. La Casa de Campo, durante la noche, tiene más movimiento de coches que los Túneles de Vallvidrera un lunes por la mañana, y la zona del Camp Nou, igual. Es más, en este último lugar, tiene más pecado todavía: La mitad de las chicas, no son chicas, son travestis! Algunas absolutamente impresionantes, todo sea dicho, pero al fin y al cabo, y como dijo una Drag Queen muy loca y buena amiga mía, son: “Mujeres Cometa, con polla y con tetas”. Por este motivo, lo que sorprende, no son ellas, que son divertidísimas, sino el perfil del cliente que solicita sus servicios… mediana edad, de clase media alta, un coche de gama familiar con la pegatina de “Bebé a Bordo” y un anillo en el dedo. ¿Parece increíble verdad? Pues es más común de lo que quisiéramos creer. Y sobretodo, difícil de afrontar. Sinceramente, prefiero que, cuando lleve casada una década, si mi marido me ha de ser infiel, que lo sea con una prostituta a que lo sea con un hombre “camuflado”… No estoy segura de que esto último, lo pudiese llegar a soportar.

De todas formas, y en cuanto a métodos para combatir la prostitución, los que salen ganando son, sin duda, los yanquis:
Han pasado ya unos añitos desde que en California, pionera de este sistema, se crearon las “Campañas de la Vergüenza”, que consistía en colocar carteles por las calles con las fotografías de los “John” (así se denominan coloquialmente a los clientes de las prostitutas en EE UU). Con el tiempo, esto ha evolucionado y otros estados han seguido el ejemplo. En la actualidad, esos rostros aparecen en vallas publicitarias por las carreteras y en una página web. Además, los comerciantes de las zonas donde se concentra la prostitución callejera, han colaborado con la policía, colocando cámaras de vídeo para poder grabar a los clientes. El resultado es sorprendente: la detención de unos setenta clientes a la semana. No son demasiados, pero esta cifra, si se diera en Madrid o Barcelona, no estaría nada mal. Seguro que los clientes, ante el peligro de que sus familias, amigos o compañeros de trabajo pudiesen verlo en tal humillante situación, dejarían automáticamente de acudir a este tipo de servicios a pie de calle. Si es que, como siempre, en esta sociedad, la hipocresía y el deseo de “aparentar” se anteponen a cualquier otra cosa.

Esto lo escribí el 01:20 PM | Comentarios (36)

Enero 23, 2006

CARLA

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Tengo una gran amiga que ha vuelto a las "andadas"... En realidad, hacía ya tiempo que lo había dejado ya que, acabó la universidad, tiene un trabajo decente y una vida tranquila... Sin embargo, se ha encaprichado con una cosita que para conseguirla a corto plazo, ha decidido volver a sumergirse en aquel mundo que tantos dolores de cabeza le había producido hace no demasiado tiempo: Un coche. Y no es un coche cualquiera. Quiere uno muy concreto que cuesta alrededor de tres millones de las antiguas pesetas, por lo que, si todo va bien en cuatro mesecitos habrá logrado su objetivo... De todas formas, yo sigo pensando que lo que le pasa es que echa de menos esa vida. No solo por el dinero y por el estilo de vida, sino por la sensación de que hombres poderosos estén pagando por tí una gran suma de dinero, y eso, cuanto menos, te sube la autoestima por las nubes...

Por supuesto, la agencia a la que se ha "reincorporado" es la misma de siempre. Es decir, donde ella y yo nos conocimos y donde, a pesar de que ya no es lo que era, siguen al pie del cañón.
A mi amiga Carla, que así se llama, le extrañó muchísimo volver a a cruzar el umbral de la entrada de la agencia... Las mismas paredes, la misma decoración, la misma luz, pero algo era distinto. El lugar ya no albergaba la vida y la espontaneidad que caracterizaba a la agencia en nuestra época. Las sensaciones eran diferentes, la energía era otra y las caras, completamente desconocidas. Imagino que un atisbo de tristeza asoló a Carla en el momento de entrar al apartamento, ya que es exactamente la sensación que a mí me hubiese embargado: Nostalgia por un pasado feliz.

De igual manera que Debora Caprioglio la protagonista de "Los burdeles de Paprika", losburdelesdepaprika.JPGun emblemático filme de Tinto Brass, muy bien expresa al final del filme, es inevitable cogerle cariño al lugar, a las chicas, a la "madame", a los clientes... Incluso después de no haberlo pasado demasiado bien alguna que otra ocasión, te quedan buenos recuerdos que al final, acabas relegando en un lugar especial de tu corazón.
Exactamente eso es lo que nos pasó en nuestra "época". Nos cogimos mucho cariño. lotofbarbies.jpg
Quizá sea porque en un contexto tal, es inevitable aferrarte emocionalmente a tus semejantes para soportar mejor la experiencia, quizá sea porque nuestro destino tenía preparado que nos conociéramos en tales circunstancias. Que más da. Lo importante es que fue bonito mientras duró y mucho aprendimos de aquella etapa en nuestras vidas, por lo que, por ese motivo, ya tiene un valor incalculable.

Como iba diciendo, Carla, tras presentarse a la encargada (no sin que antes hubiese sido anunciada su llegada por el dueño de la agencia, Richard), entró hasta el salón y conoció al nuevo "staff"... Por lo que me contó, no eran para echar cohetes y enseguida entendió la insistencia del "jefe" para que regresara, sin haberle puesto ninguna pega por haberse marchado en su momento.
lenceria.bmpTodas iban vestidas de forma muy exagerada, es decir, enseñando toda la carne posible, y eso, sin duda, es algo muy vulgar.
Carla, comparándose con esas explosivas leonas, se vió como una aburrida universitaria, llevaba unos tejanos gastados, un jersey la mar de sencillo y el pelo, atado en una cómoda coleta, vamos, como si acabara de salir de la biblioteca. Aunque no le preocupó. Había venido solamente a conocer a la nueva "encargada", y tras una breve presentación, se marcharía. Sin embargo, algo interrumpió sus planes: Llamaron de repente al teléfono de "trabajo" y la señora lo cogió. Por lo visto era un conocido cliente que venía de camino y que quería estar con una señorita. (Normalmente, no se avisa con tan poco tiempo de antelación en una agencia de este tipo, sin embargo, a veces hay excepciones) Y aunque Carla no se veía preparada, la señora, sin dejarle casi ni hablar, la metió en una de las habitaciones con el resto de las chicas, que serían cuatro o cinco lobas.
Una vez en la habitación, se podía oir como el señor llegaba y conversaba con la "madame" mientras las chicas se observaban unas a otras en la habitación. Es más, observaban a Carla con aires de superioridad. Desde que había entrado en el piso, apenas había obtenido un crudo "hola" de alguna de ellas, y ahora, en una extraña intimidad en lugar de sentirlas cómplices las concebía como amargas mujeres que la miraban como si les hubiera hecho algo malo con su inocente presencia, sin perder ese tono altivo y soberbio en todas ellas, creyéndose mejores que mi acorralada amiga...
Tras unos eternos instantes, la "madame" abrió la puerta de la habitación:
-Id pasando de una en una y saludadle.
Carla no quería salir. No estaba ni maquillada. No estaba ni siquiera preparada. Había sido para ella muy brusco esto de volver a alquilar su cuerpo a anónimos señores... Sin embargo, nadie la escuchó y con un empujoncito, llegó su turno.
Salió al salón, con una pícara sonrisa, como solo ella sabe poner. Se sentó al lado del cliente y notó lo nerviosa que estaba. Había sido todo muy inesperado, pero igualmente aguantó algún que otro minuto con una banal conversación, tal y como había hecho en el pasado cientos de veces. Llegado el momento, se despidió de él y regresó con esa panda de antipáticas, deseando que se fuera cuanto antes con una de esas pendoncillas para dejarle a ella vía libre para poder regresar a casa en paz.
Por suerte, enseguida, el cliente comunicó su elección a la encargada. Pensaba pasar la próxima hora y media con la que más le había gustado, y por suerte todo en la suite estaba preparado para el encuentro.
¿Sabéis al final a quién eligió? Pues a Carla, contra todo pronóstico para ella y para las lobas que le rodeaban.
barbiekenbed.jpg
Pobrecilla, si solo por verla entrar en el apartamento, con ese cuerpo y esa belleza, ya la odiaron, imaginad lo que debieron pensar de ella cuando el cliente la escogió yendo vestida de cualquier manera... Aún le pitan los oídos a la pobre Carla de lo mal que deben haber estado hablando de ella... Es injusto, ella no tiene la culpa de aquello. Este tipo de cosas pasan, sin embargo, como he dicho ya entes en mi época, había un respeto, una fidelidad y una lealtad entre todas que veo que ahora, apenas se recuerda que una vez esos valores existieran.

Esto lo escribí el 12:41 AM | Comentarios (21)

Enero 20, 2006

GLITTER!

culdesacnight.jpg
Hubo una época en que yo no era tan pija...

Me gustaba vestirme de manera muy ecléctica y llamativa, utilizando colores puros y tiñéndome el pelo de tonos anti naturales... Es decir, era una mezcla de Gwen Stefani y Agatha Ruiz de la Prada.
Me gustaba maquillarme de manera que mi rostro no pasase desapercibido y admito que en ocasiones me pasé... y mucho. Me gustaba utilizar purpurina (cuando salía por la noche, claro) y me ponía en los párpados, sobre la línea negra del "eyeliner", o incluso formando un original "bindi".
Explico esto para que lo que viene a continuación, tenga sentido:
He crecido en un ambiente donde abundaban las relaciones sociales, ya que, en casa siempre se organizaban cenas, fiestas, o lo que sea, por muchos motivos. Y claro, a mi, que con 18 años me empezaban a gustar los hombres más mayores que yo, pues era perfecto, porque muchos acudían a este tipo de cenas y reuniones. Disfrutaba como nadie flirteando con alguno que otro mientras sus mujeres estaban a pocos metros de nosotros, inmersas en sus cosas e incluso de vez en cuando, conseguía meterles mano por debajo de la mesa, poniéndolos de los nervios, o acorralar en el baño al que más me gustaba de todos en aquella época. Lo cierto es que, con esta persona en concreto, estábamos liados desde hacía ya un tiempo, pero, por supuesto, lo nuestro era "Top Secret"...
Y bueno, es aquí cuando interviene lo de la purpurina. Imaginaros una cena, en la sobremesa, donde la gente ya está algo dispersada (el comedor, el salón...) y de repente uno de los invitados, un respetable abogado para ser más concretos, regresa a la mesa con algo fuera de lo común... ¡Tiene brillitos en la cara! ¡Como si se hubiera estado peleando con un árbol de navidad!... Y bueno, por suerte no era el único. Más de una mujer aún tenía restos de mi purpurina tras haberlas saludado al llegar, pero no por eso dejó de ser sospechoso que justamente él tuviera purpurina hasta en el cuello, pero bueno... Como bien me habían enseñado por aquel entonces, yo siempre lo negué todo.
Probablemente, con alguno que otro, era un secreto a voces, pero por suerte, eso ocurría solamente con los divorciados, cosa que aunque la diferencia de edad sea escandalosa, al menos no hay una tercera persona implicada de por medio. Sin embargo, las historias de los que seguían, y siguen, casados, aunque son divertidas, nunca se sabrán. Y me consta que si algún día se supieran, a más de uno iba a dejar, sin duda, con la boca abierta.

Esto lo escribí el 03:28 PM | Comentarios (7)

Enero 17, 2006

El tiempo no perdona

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Ayer me llamó una amiga. Bueno, mejor dicho una conocida.
Coincidimos en un viaje de “trabajo” hace mucho tiempo y ahora que ha venido a pasar una temporadita en Barcelona, me llamaba por si yo le podía poner en contacto con alguna agencia. Evidentemente, no sabe nada de mi libro ni de mi vida, así que le dije que lo sentía en el alma pero que ya no estaba relacionada con el mundillo. Bueno, si que le di un par de direcciones, pero tampoco sirvió de nada porque son las que ya conocía.
Lo cierto es que la llamada me apenó. Esta chica es muy guapa y muy simpática, pero tiene ya unos añitos y no pasan desapercibidos, por lo que, si hubo un tiempo en que ganaba una fortuna en una semana, ahora, si no baja su caché hasta límites humillantes, quizá ni siquiera trabaje.
Este es quizá uno de los mayores peligros de dedicarse a la prostitución de alto standing: que no sabes como ni cuando parar. Te acostumbras a una vida relativamente fácil y a un tren de vida elevado y después, a la hora de la verdad, resulta imposible adaptarse al mundo real, y más si ni siquiera has procurado tener unos estudios que te sirvan para, al menos incorporarte a un trabajo decente.
Me produce cierto vértigo analizar el tiempo que ha pasado desde que ella y yo coincidimos. En mi caso, me han pasado un millón de cosas, entre ellas, escribir dos libros y además ser muy feliz, en cambio en su caso, a pesar de que haya podido hacer muchas cosas, dato que ignoro, sigue en lo mismo. Sigue anclada a ese mundo. Y aunque soy consciente de que a veces es divertido, en el fondo, es una auténtica tortura, especialmente para la mente y para el espíritu.
No sé si realmente nuestro destino está escrito o lo vamos forjando a medida que avanza nuestra experiencia vital, pero, sea como sea soy muy consciente de la "suerte" que he tenido en la vida. (Y lo pongo entre comillas porque la suerte no deja de ser una combinación de talento y oportunidad) Me podría haber pasado cualquier cosa, sobretodo al flirtear con el “peligro” tal y como hice, y sin embargo, aquí estoy. Y con lágrimas en los ojos, siento dolor por aquellas chicas con las que me crucé y que por uno u otro motivo continúan al pie del cañón. Siempre he dicho que este tipo de trabajo cuando se hace por voluntad propia y en el mismo contexto en el que yo lo hice, ha de hacerse durante un tiempo determinado, y no convertirlo en un modo de vida porque, cuando eso ocurre, difícilmente se puede acabar bien.

Esto lo escribí el 12:29 PM | Comentarios (15)

Enero 13, 2006

La libertad del error

jenni tapanila.jpg
En mi infancia, tuve muchas niñeras, muchas. Pero recuerdo con un especial afecto a una en particular: Lydia. Era belga y muy muy tozuda casi tanto o más de lo que yo lo era con 12 años. No parábamos de discutir. Me sacaba de quicio como nadie en este mundo y era imposible que estuviéramos de acuerdo en algo. Era atea, y mientras limpiaba la casa, planchaba y hacía cosas, yo la seguía, manteniendo la discusión acerca de la existencia de vida después de la vida, Dios o el franquismo, por decir algo. Era tan radical y tan "gabachi-belga", que me ponía de los nervios. Recuerdo que siempre me decía que se intercambiaría conmigo, y se quedaría toda la vida con doce años, es más, si por ella fuera, hubiera sido eternamente un bebé. Y esto, concretamente, me sacaba de quicio, porque, claro, con esa edad, lo único que deseas en la vida es dejar de ser un niña para que te consideren "mayor"...

Sin embargo, ahora y con la perspectiva del tiempo, aunque entiendo sus motivos, no los comparto en absoluto y me arrepiento de no haber llegado a esta conclusión cuando era pequeña para poder debatirla con ella: La vida es para vivirla. Para equivocarse fehacientemente y para aprender de esos errores.
Ella quizá, con los treintaytantos que debía tener, sentía que hubiera sido más feliz quedándose siempre como una niña, estudiando, jugando y siendo mantenida por sus padres sin preocuparse por ganar dinero, llevar una casa, hacer la declaración de la renta y demás cosas que caracterizan la existencia de un ser humano adulto. Pero claro... Eso no sabes lo que es ni lo que te va a hacer sentir hasta que no lo pruebas en tu propia piel, del mismo modo que se disfruta más del dinero cuando en la infancia no se tuvo y es fruto de nuestro trabajo y esfuerzo que cuando se ha nacido con la vida solucionada. ¿o no?.
Después de haber reflexionado sobre mi pasado, he llegado a la conclusión de que me gusta equivocarme. Me gusta porque se aprende muchísimo de cada tropiezo que damos en la vida y eso nos hace cada vez más fuertes, y sin duda LIBRES. De alguna manera, te preparas para algo que está por venir y que sin ese "conocimiento" adquirido, quizá nos hubiese sido más difícil de superar.
Tengo 23 años y tengo tantos recuerdos en mi cabeza. Tanta información relativamente desagradable. Tantas imágenes que despiertan en mí de nuevo, aquellos habituales escalofríos... Son muchos datos que me hacen más vieja de lo que soy y aunque sé lo tranquila que estaría viviendo en la feliz ignorancia, me quedo con esto. Me quedo con esas imágenes editadas en mi mente a modo de un gigantesco collage donde cientos de hombres, en cientos de diferentes escenas, satisfacen su deseo carnal con mi cuerpo adolescente y con mi mente ingenua, de una u otra manera.
Mis experiencias desagradables, realmente, son una minoría, pero es que, en la mejor de esas relaciones, siempre hay un momento, un instante en que al ver como unas desconocidas y grotescas manos rodean y acarician tu pecho, te sientes mancillada. Sientes que tú no deberías estar allí, que no puede ser real lo que estas viviendo, que no deseas que esa persona esté ahora rozando tus partes más íntimas y prohibidas. Sin embargo, esa sensación pronto desaparece, y vuelves a convertirte en una fría e impersonal actriz. Eso sí, con una actuación impecable.

En mis últimos encuentros relacionados con este mundo, ya no podía más. No lo exteriorizaba, por supuesto, pero cada vez que sobre mi piel sentía el tacto de un desconocido, me daban ganas de llorar y salir corriendo. Incluso un simple beso, si tienes un mal día y no haces más que comerte la cabeza, puede llegar a ser nauseabundo... Si por casualidad, no tiene un aliento agradable, has de coordinar tu respiración con la suya para evitar inspirar cuando él expira y que así no te entren arcadas... Lo creais o no, tiene mucho mérito dejarse poseer por alguien que ni siquiera te gusta, transmitirle a él todo lo contrario y que encima, se enamore de ti...

No son nada bonitos estos recuerdos. Lo sé. Pero todos somos dueños de nuestra vida y si estamos aquí es por consecuencia de nuestro pasado, sea como sea éste y además, insisto, se aprende y eso es lo más maravilloso de haber nacido Ser Humano: No perdemos la capacidad de aprender en toda nuestra efímera existencia.

Esto lo escribí el 04:00 PM | Comentarios (32)

Enero 10, 2006

Un año más

2006.jpg
Por fin llegó el 2006… Y, los coches todavía no vuelan. ¿No es frustrante? Toda una infancia imaginando que con la llegada del nuevo milenio llegaría ese futuro que nos enseñaban en “2001. Odisea en el espacio”, “Regreso al Futuro II”, “Demolition Man” o “Blade Runner”, y todo, aunque hay cosas algo modernillas, continúa casi como en los noventa. Es más, a este paso, a donde vamos a regresar es a 1936, y eso de gracioso no va a tener nada… Pero bueno este es otro cantar, yo de lo que quiero hablar es de la nochevieja. La fecha que, para mí, y hasta este año ha sido la más destacada de todas las fiestas. Y eso que, por alguna extraña razón, no suelo recordar ni la mitad de lo que he hecho… Una pena porque me consta que siempre lo paso muy bien. Tanto que, hasta el día 2, no vuelvo a casa… Supongo que soy un claro ejemplo para ilustrar aquello de “Una vez al año no hace daño”.

Sin embargo, a pesar de que en la nochevieja anterior disfruté como una niña, viendo amanecer dos veces, este año, el cuerpo me pedía totalmente lo contrario. Me creáis o no a las dos de la mañana ya estaba en la cama, y a pesar de que mi subconsciente no pudo evitar compararlo todo con aquellas fiestas que componen mi currículum de nocheviejas desenfrenadas, en el fondo, no lo he echado de menos. Supongo que todo tiene un momento en esta vida, y fue muy bonito mientras duró, pero la vida es evolución, y es natural, sana e inevitable. (Claro que, el año que viene intentaré no comenzar ya con el champagne a las nueve de la noche y sustituirlo por más agüita o una coca-cola…)
Pues eso, que el trauma ya está superado. ¿Que qué trauma? Ah, sí, claro! Se me olvidaba. Pues mi trauma navideño. Algo que me consta que no es en absoluto poco común, ya que son fechas muy delicadas, donde los esquizofrénicos, psicópatas, psicóticos y demás, experimentan cierto aumento de su locura, y donde nos toca reunirnos con una familia que vemos una vez al año y con la que quizá no estemos muy cómodos. Teniendo en cuenta además, que echaremos de menos a aquellos que ya no están entre nosotros y que, otros muchos, ahogados en el “Ubi sunt”, añoraran cualquier tiempo pasado, que siempre fue mejor…
Sin embargo, mi trauma no va por ahí. Es algo más complejo que todavía no he rescatado de lo más profundo de mi memoria, pero que algo tiene que ver con la fecha de mi cumpleaños que, casualmente ronda estas fechas tan importantes, y que para un niño, resulta deprimente: No puedes celebrarlo porque todos tus amig@s están con la family, no te felicita casi nadie porque están liadísimos con lo que las Navidades suponen, y para más inri, te dan un regalo que vale por los tres, ¡Hala! Cumpleaños, Santa Claus y los Reyes Magos… Como envidio a los que nacisteis en verano…
Evidentemente, hoy por hoy, el tema de los regalitos, a una ya no le afecta, y además, como ya he dicho, he conseguido superarlo. De hecho, ahora, incluso me gusta la navidad! (Cosa que antes detestaba!) Y me he pasado las fiestas escuchando a Bing Crosby, Brian Setzer, (sus temas más navideños, claro), brian setzer.jpg bing.jpgy viendo películas como “Los fantasmas atacan al Jefe”, “Elf”, “Love Actually”, bill murray.gif scrooge disney.jpg muppet_christmas_carol_l.jpg solo en casa.jpg

“Cuento de Navidad de los Teleñecos”, “Navidades Blancas”, “Una navidad con Mickey”, “Solo en casa” e incluso los mediometrajes de Rankin-Bass tan característicos de la navidad, con “Rudolph the red-nosed reindeer”, “The Grinch”, o “Santa Claus is comin’ to Town”. rankinbass.jpgVamos, que me han lavado el cerebro con tanto bastoncillo de caramelo y tanta galletita de jengibre… Pero en el fondo, me gusta. Creo que hasta podría creer en Papa Noél y en Los Reyes Magos si no fuera porque un día, con siete añitos, una gran amiga, y compañera de colegio, llegó a clase con una nueva noticia que le acababan de comunicar sus padres y que el resto, felizmente ignorábamos… “Papa Noel no existe… ¡Son los Padres!” Me acuerdo de ese día como si fuera ayer. Fue realmente traumático, ya que, con esa revelación, no solo se me derrumbaba el personaje de Santa Claus, sino que, junto a él, cayeron también, por supuesto, los Reyes Magos, el Ratoncito Pérez y la autenticidad de Espinete… Recuerdo que, con lágrimas en los ojos, le contesté, al mismo tiempo que lo hacía otra gran amiga, tan decepcionada como yo: “¡Nos has quitado la ilusión!”

Esto lo escribí el 02:55 PM | Comentarios (10)