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Julio 23, 2007

Reflexiones de una sardina marinada

Bienvenidos a la inauguración de una nueva y absurda sección:


Reflexiones de una sardina marinada

Los pensamientos a veces actúan como nuestros propios enemigos. Basta que hayas atrapado uno que necesites utilizar para que, súbitamente, haya desaparecido y en tu cabeza no encuentres más que ideas inconexas que no te llevan a ningún lugar interesante...

Y en otras ocasiones, cuando, por una de esas casualidades de la vida, se te ocurre una inteligente cita o una apoteósica respuesta para una duda existencial, no hay nadie delante para oír tu invención, y dado que las palabras se las lleva el viento, se marchan y si te descuidas, las muy traicioneras ya no vuelven jamás.

Aunque lo peor de todo en cuanto a aquello que inunda nuestras mentes, es la inestable inspiración. ¿Por qué no podría responder a una estructura más mecánica como lo pueda ser el hambre o el sueño? ¿Por qué se nos escapa de entre las manos, cual arena que se desliza por nuestros dedos y regresa, orgullosa, al suelo del que provenía?

A veces, da la impresión de que una haya de usar poco su mente, que si no se gasta. Mientras en otras ocasiones, si no coges carrerilla y escribes tonterías absurdas como éstas, luego no hay manera de escribir algo inteligente. Hay quien lo llama “miedo a la página en blanco”, aunque en mi caso no tiene mucho sentido. Mis páginas, incluso las del Word, se van llenando lentamente de adjetivos, de nombres y de ideas, componiendo un extraño puzzle de ideas que, antes o después acabaré utilizando: “caprichosas formas”, “brutalidad marina”, “hábilmente”

En resumen: INCONEXAS ideas que algún día formarán algo que realmente valga la pena.

Me he propuesto escribir, yo Alejandra Duque, yo Virginia “la del libro”… la mujer con tres nombres, como me decía un lector el otro día en su inspirador e-mail (al cual, por cierto, todavía no he contestado aunque pienso hacerlo pronto) aunque escriba las tonterías más profundas que encuentre en el constante indagar por el cuarto trastero de mi alma.

Y si cometo errores ortográficos, ¡bienvenidos sean! Estoy buscando la pureza del lenguaje a la hora de transmitir lo que pienso, lo que siento o lo que quiero contar y como no soy “profe de lengua” no me debo al Castellano, aunque, y eso es más fuerte que ninguna otra cosa, lo ame con todas mis fuerzas (a la Lengua Castellana, quiero decir). La lengua más bella del Planeta Tierra, y quien quiera discrepar conmigo, bienvenido es porque tengo ganas de guerra…

De hecho (y volviendo al tema de los errores ortográficos, que, dicho sea de paso, y a pesar de mi anterior alegato, no suelo cometer) ¿qué es la belleza sino una absoluta simetría y una “normalidad” en las formas? Pongamos por ejemplo el rostro de Jennifer Aniston: Todos los elementos que lo componen son proporcionales entre sí y en perfecta armonía, y es bella. Muy bella, pero, visto objetivamente, y desde el punto de vista de un ser extraterrestre que ve por primera vez un humano, pues tampoco tiene nada de especial. Sin embargo, es bella (tal y como es mi opinión sobre Jennifer Aniston, y al contrario que la del extraterrestre invitado), así como también es bella Uma Thurman… pero ojo, aquí ya la cosa cambia, es bella porque es “rara”, es especial y su rostro está fuera de lo común. Desprende un magnetismo del que nuestra otra “analizada” carece… ¿qué será? (En cuatro
lo llamarían FACTOR-X). Si consultamos a nuestro extraterrestre que observa por segunda vez un humano, quizá nos diga que también la ve especial… porque la ve diferente. Todos sabemos que los tomates buenos son los deformados, porque provienen de payeses de verdad, sin productos químicos asquerosos y sin estar modificados genéticamente, al contrario que os tomates bonitos, redonditos y casi clonados… “Si, son bonitos, pero ¿por qué saben a Font Vella y no a Tomate?”


En fin. Después de reflexionar INCONEXAMENTE
sobre la belleza, volveré a mi lugar de trabajo, dejándoos a vosotros, queridos bloggers, queridos lectores, estas perlas que acaban de brotar inesperadamente de mi alma en un momento en el que, queriéndome parecer a Antonio Gala.. he acabado reflexionando a un estilo más parecido a Pablo Tusset y a su peculiar modo de narrar la vida que a otra cosa (todo un honor, por cierto) …

Esto lo escribí el 05:52 PM | Comentarios (10)

Autoconversaciones...


La inspiración es efímera. Es frágil y difícil de encontrar. Mantenerla es complicado y un leve susurro negativo, la puede ahuyentar.
Las musas vienen y van y para desgracia del autor, son más efectivas cuando uno más triste y solitario está.
Así pues, ¿la felicidad es incompatible con la inspiración? No del todo, aunque el amor verdadero, definitivamente la ahuyenta, y cada vez la escurridizas musas, se hacen más difíciles de atrapar.
La clave está en hallar esa fuente de melancolía y pasión que en nosotros reside. Entonces, habremos topado con nuestras musas, que tan alejadas permanecían a nuestro alcance.

Esto lo escribí el 04:47 PM | Comentarios (3)