Junio 10, 2008
Sobran las palabras

Sé que este país tiene muchos detractores, pero ¿qué queréis que os diga? Es la segunda vez en mi vida que vengo a New York, y cada vez adoro más esta ciudad.
Que tal va todo por ahí? Estoy oyendo cosas muy tristes sobre huelgas de transportistas y la falta de suministros...
Besos!
Escrito porAlejandra Duque a las 08:35 PM | Comentarios (7)
Junio 09, 2008
I love America

Hola querid@s bloggers!
Siento lo raros que han sido los últimos días. No he podido casi conectarme y cuando lo he hecho, he hablado algo en el chat pero como eran horas intempestivas en España, no estaba ni el apuntador, ja,ja,ja!
Me es muy difícil proponer un hora de quedada concreta, pero sí que puedo decir los horarios en los que es probable que entre. Por un lado esta misma hora (alrededor de las 16, 17 o 18 hs) que aquí es por la mañana y sino, aunque esto ya sería más complejo para los que estais ahí, a las 7, 8 o 9 de la mañana...
Pues eso, amig@s que llevo aquí menos de 4 días y me he enamorado de la costa este de los Estados Unidos. Podría vivir aquí sin ningún tipo de problema, sobretodo viniendo de un país que a veces es tan tercermundista (hablo de nuestra España, por supuesto) el contraste es tremendo.
Besitos!!
Hasta pronto!!!
Escrito porAlejandra Duque a las 05:29 PM | Comentarios (7)
Agosto 06, 2006
En busca del desfile perdido

Sé que, para hablar de este tema, como que se me ha hecho tarde, pero bueno, mejor tarde que nunca…
Bread and Butter. Menuda feria más bien montada.

No tiene punto de comparación con cualquier otra feria de moda que tenga o haya tenido lugar alguna vez en este país. Sencillamente, es maravillosa.

Sin embargo, la entrada era un completo CAOS. Los peor parados eran los que habían decidido acreditarse en el último momento… Yo, por suerte, lo hice vía Internet, dos meses antes, por lo que, a pesar de que una larga cola sí me tuve que tragar, no fue algo tan desesperado como lo que llegué a ver a mi alrededor.

Mis entradas eran para tres días, cosa que equivale a que te inyecten Bread and Butter por vía intravenosa. Llegado un punto, tu cerebro ya no procesa más información, y como todo es tan chulo, tan visual, tan bonito, tan fashion, tus neuronas se saturan de belleza y tu cerebro, después de desear absolutamente todo aquello que te rodea… desiste.

La primera noche, la del miércoles, tenían lugar algún que otro desfile en el Port Forum, y como nos habían invitado al de Hannibal Laguna a unas amigas y a mí, tras la feria, nos arreglamos rápidamente y salimos en un taxi hacia el Fórum… creyendo que es ahí donde iba a ser el desfile.
Para empezar, el taxista, no tenía ni la más remota idea de que era eso del “Port Fórum”, (anda qué, menudo taxista nos tocó!). Y el hombre, con la mejor de las intenciones, supongo, nos dejó frente al Edificio del Fórum, propiamente dicho, dado que vimos que había un montón de gente elegante, cámaras, focos…
Cuando estamos entrando en el edificio, nos para una chica con una manguera ¿¿¿???.
–Los siento. No se puede pasar. Estamos rodando una película.-
-¿Una película? Nosotras vamos a un desfile.
-Ahí al fondo, hay un concierto. Debe ser eso.
Y dado que, en lo que se refiere a los espectáculos que en los últimos tiempos nos suelen ofrecer los modistos para presentar su colección, nos podemos esperar cualquier cosa, pues nos dirigimos al concierto.
Comenzamos a caminar por lo que fue en su día el dichoso Fórum de las Culturas, sin encontrarnos ni una sola pista, ni una sola indicación que nos informara de cómo llegar al Port Fórum ese o dondequiera que tuviese lugar el desfile. Mientras tanto, dos amigas más que estaban también de camino al desfile, nos acompañaban telefónicamente, ya que a ellas le habían dado unas señas diferentes de las que teníamos nosotras. Teóricamente les teníamos que explicar cómo llegar, ya que iban en coche, pero es que ¡ni nosotras lo sabíamos!
Por suerte, a lo lejos, avistamos un camino que se estrechaba, con un par de guardias en una reja. El aspecto era un poco cutre, pero ¿qué más dará? La moda es así…
-Buenas tardes. Venimos al desfile de Hannibal Laguna.
-Lo siento. Por aquí no se puede pasar.
-Pero ¿saben ustedes donde es el desfile?
-Tienen que rodear todo esto e ir por el otro lado.
Vaya. Mi gozo en un pozo… y mis tacones, ya comenzaban a dar guerra…
Dimos la vuelta, deshaciendo lo andado hasta el principio del “parque”.
Por fin mi amiga Nuria consiguió hablar con su amigo Juan, uno de los organizadores del desfile, el cual nos decía que buscáramos una chimenea con humo y entonces encontraríamos nuestro objetivo…
-¿Chimenea? ¿Humo?... Aquí no hay absolutamente nada de eso!
Continuamos caminando en la dirección que nos habían dicho los guardias, y a cada paso nos encontrábamos a más gente que se unía a nosotras en la búsqueda. Una de ellas, una chica catalana, también se había vuelto loca intentando encontrar la maldita chimenea, pero no había manera. (También… vaya indicación!)
Sin embargo, me quedé helada cuando un chico de otro grupo nos preguntó, dando por hecho que todos nos dirigíamos al mismo lugar:
-¿Sabéis ya dónde es el concierto?
-Bueno, en realidad nosotras vamos a un desfile, pero quizá sea lo mismo…
-¿El concierto de Bustamante?
Ups… ¿Bustamante? ¿Concierto? Creo que preferiría que me picara una abeja antes de ir a un concierto de Bustamante..
-Amigo, creo que, efectivamente, no vamos al mismo sitio. No tengo ni idea de donde estamos ni de donde demonios hemos de ir, pero, ya lo encontraremos.
De repente. ¡Milagro! Vimos la chimenea! Hasta ese momento, un edificio, nos tapaba parte del paisaje, y por eso era imposible situarse. Parecíamos Dorothy y compañía en busca del Mago de Oz!!

Pero entonces, la mala suerte se cebó de nuevo con todos nosotros cuando nos topamos con una enorme valla que nos impedía el paso de una punta a otra de la superficie…
Santo Dios! Ahora hay que dar la vuelta!
De modo que, sin dejar de hablar ni con nuestras amigas del coche ni con el organizador, dimos media vuelta. ¡Qué remedio! Tendríamos que volver al primer edificio, donde estaban rodando aquella película y una vez ahí coger otro camino…
A ver. En principio, lo que explico, puede parecer una tontería, pero, en primer lugar, las distancias, no equivalen a dar una vuelta a una manzana común, sino que son mucho más exageradas, además, está el factor “tacón alto”, cosa que nos impedía ir lo ligeras que hubiéramos querido, y para más inri, ¡era tarde! ¡era supertarde! De hecho, ¡ya era tarde cuando bajamos del taxi! Y aunque los desfiles siempre se retrasan, habíamos perdido tanto tiempo que ya nos temíamos lo peor.
Cuando llegamos al punto de inicio (la bajada del taxi) nuestras amigas todavía no habían ni aparcado, y por lo visto, estaban en le quinto pino. Juan, nuestro “compañero virtual” de fatigas, envió un guardia jurado en una moto hacia nuestra dirección, a ver si nos veía… (imaginad lo desesperado que estaba el hombre para que hiciese algo así…) y ¡por fin! Dio con nosotras.
Nos dimos toda la prisa que nuestros tacones nos dejaron y por fin vislumbramos unas escaleras. ¡Eureka! Los “bustamanteros” siguieron de largo hacía algo que podía ser su esperado concierto mientras nosotras bajábamos corriendo las escaleras. El desfile ya había empezado, pero bueno, mejor esto que nada.
En cuanto llegamos, Juan, prácticamente nos catapultó hasta los asientos de primera fila que esperaban nuestra llegada. Aunque el desfile ya había empezado, por suerte todavía quedaba mucho por ver.
Un pequeño grupo, adornaba el evento con música en directo. El cantante, que interpretaba temas como “I’m just a gigoló” entre otros, no lo hacía mal, pero a la larga, la verdad es que la música se hizo pesada. No cuadraba con la colección. Bajo mi punto de vista, deberían haber puesto algo más ligero, que no distraiga la atención, que ha de estar enfocada plenamente en captar todos los detalles de los impresionantes diseños de Laguna.


En cuanto acabó el desfile, llegaron las que faltaban. Se perdieron la pasarela, pero ¿qué más da? Lo mejor ocurre de puertas para adentro…
De modo que mini botellita de champagne en mano, nos metimos en el Backstage, conocimos al diseñador y planeamos la siguiente “fase” de la noche.

(Esta foto es de MOËT. La he incluido porque es chula, pero en realidad lo que nos dieron era un cava común y corriente, o sea, Codorniu. Hago esta puntualización porque soy una asidua de las pasarelas desde que pisé Barcelona por vez primera. He ido cada certamen desde el año 2001 aproximadamente, y cuando recibía el honorable nombre de Pasarela Gaudí y tenía lugar en los pabellones de Plaza España, no solo nos daban Moët y agua Evian, sino que se respiraba Glamour y sofisticación allá donde mirases. En este caso, bien puedo utilizar el término latino “Ubi sunt”, que viene a ser algo así como “Cualquier cosa pasada fue mejor”)
En fin. A pesar de las circunstancias, fue una noche muy divertida, y, a pesar de que continúen recortando los presupuestos, vamos a continuar pasándonoslo genial dos veces al año. Si no es por los catalanes, será por los alemanes, ya que, como he dicho antes, al Bread and Butter, no le pongo un 10, no. Le pongo un 20.
Escrito porAlejandra Duque a las 05:24 PM | Comentarios (6)
Febrero 20, 2006
CONTROL DE ALCOHOLEMIA

Verano del 2004.
Un día cualquiera de un caluroso verano.
8:00 a.m.
-Voy conduciendo un coche alquilado. A mi lado está sentado un amigo de mi hermano. No se que me dice. No le entiendo cuando habla, igual que a mi hermano...
Llevo toda la noche despierta. Es más. Llevo toda la noche bailando y estoy hecha polvo. ¿Quién diablos me ha dejado conducir a mí? Si no veo ni la carretera con claridad. Dios mío. Menos mal que esto es un pueblo. Estoy cansada pero tengo ganas de bailar. Quiero que lleguemos ya a esa fantástica fiesta a la que nos dirigimos. El Sol me molesta. ¡Dios! ¿Y mis gafas? ¿Quién tiene mis queridas gafas? Nos acercamos a una glorieta. Poco después está la fiesta y por fin podré descansar. Al menos descansar de conducir, no descansar de descansar. Bueno. Es igual. Yo me entiendo…
Esto es lo que rondaba por mi cabeza aquella mañana veraniega. Pero no solo eso había en mi cabeza. Una peluca magenta hacía que mi imagen fuese todavía más surrelista que mis pensamientos. Habíamos estado en una fiesta de disfraces y bueno, raro sería, conociéndome que no fuese vestida de algo raro.
De repente, observé a lo lejos algo que no me hizo nada de gracia… ¡La guardia civil!
Por supuesto, me paré…
-Hola. Buenos días. – Me dijo un atractivo "picoleto" asomándose a mi ventanilla…
Lo primero que pensé fue. ¡Mierda! Me han pillado, pero en cuanto le vi la pinta de chulito ligón, supe que aún no estaba todo perdido…
-Buenos días, agente. Le contesté con la más serena de mis voces.
-Esto es un control de alcoholemia. Te voy a hacer soplar por aquí, y veremos que sale. ¿Lo has hecho alguna vez?
-No. Soy virgen. – Le solté. (El primer bombazo). Poniendo una cara de mala y pervertida que ni yo me la creo…
Él me miró, algo desconcertado, pero siguió como si nada:
-¿Has bebido? ¿Algo de vino? ¿Alguna cervecita?...
-Querido. Te voy a ser sincera. ¿Ves esto? – Le dije mientras le mostraba una pulsera de plástico en mi muñeca derecha.- Vengo de la fiesta más grande del año, y tenía barra libre. Por supuesto que he bebido, incluso he perdido la cuenta de todo lo que me he tomado.
El tipo me miraba y no se podía creer lo que estaba viendo. Sin embargo, el muy zorro me seguía el juego, y entre bromas tontas, me hizo soplar.
Fue muy divertido, porque no me llegaba el aire y tuvimos que repetirlo varias veces. En realidad, hacía el tonto un poco adrede. ¿Qué iba a hacer? Estaba borracha perdida y no podía ocultarlo. Tenía todas las de perder. Mi única baza, era mi encanto.
Al final, creo que dio 3 y pico. No está nada mal, ¿eh? Y yo continuaba haciendo bromas con el guardia civil sexy.
Por lo visto, ahora me tocaba soplar con una máquina electrónica dentro de una furgoneta. Así que, salí del coche, que hasta el momento había permanecido sentada, y fui hasta ellos. Dentro del furgón había un par de agentes alucinando con el jueguecito que traíamos entre manos, más que nada porque, aparte de la maravillosa peluca magenta, llevaba un mini vestidito dorado con un escote en el que se me veía hasta el páncreas…
Yo, para no perder costumbre, todo el rato me equivocaba (no siempre adrede, ¿eh? Que se necesita mucho aliento para llenar un detector de esos!) y el tío, aunque iba de serio, se le notaba que se lo estaba pasando bien y todo, conmigo. Sin embargo, cuando me preguntó por los papeles del coche (ya que estábamos) casi me muero. No los tenía, ni yo ni nadie. De hecho el coche creo que ni siquiera estaba a mi nombre. Es más, el carnet de conducir, me lo había dejado a miles de kilómetros de ahí, en Barcelona… Así que me saqué un as de la manga:
-¿Qué donde están los papeles? ¿Y mi carnet? Vaya. Lo tengo todo en casa. Es que me da miedo salir por la noche con documentos importantes. No llevo ni el D.N.I porque no me cabe en el mini monedero de Loewe… Pero, bueno, puedes hacer dos cosas: O confías en mí y te crees que mis datos son reales y que tengo el carnet de conducir o bien, me acompañas a casa y ahí, TE LO ENSEÑO TODO… (Guiño de ojo)
Menos mal que estaba “de servicio”, y además, no estaba solo. En caso contrario podría haber aceptado mi extraña invitación y me hubiese salido el tiro por la culata…
El chaval, comenzaba a sonreír, e incluso reírse cada vez que yo le tiraba una de esas. Sin duda, le había alegrado el día, al pobre y si no fuera por el sol que nos estaba cociendo, tendría un mejor recuerdo de aquel momento.
Como ya había cogido cierta confianza, comencé a atacarle sin rodeos. En serio. No sé como lo hice. Estaba bajo los efectos del alcohol y esas cosas me suelen pasar, aunque, por desgracia luego no me acuerdo ni de la mitad. Lo único que sé es que fue muy divertido, e incluso efectivo. Hasta eché mano a mi faceta más bélica y que tanto morbo da a hombres relacionados con las fuerzas de seguridad o policiales. Soy algo aficionada al Tiro de Precisión con pistola, como deporte olímpico y solo me faltó pedirle su arma para irnos a pegar tiros a un descampado. Bueno ahora que lo pienso, sí que lo hice... Entre otras cosas para demostrar un pícaro interés hacia él con aquella frasecita tan proclive a malinterpretaciones obscenas, pronunciada, por supuesto, con voz angelical:
“ Me la dejas tocar??”
De verdad que no falla. Chicas, decidle algo así a un hombre armado mientras miras (inocentemente) a su entrepierna, y veréis que cara pone…
Entonces, se quiso poner duro y me dijo lo que me podía costar. Cuando me dio la cifra, le dije que no pensaba pagar algo así, y que según el código penal tenía la opción de ir a la cárcel en lugar de pagar. Así que, uniendo mis muñecas, y bajo su mirada realmente atónita, me ofrecí a él en plan “Historia de O”, mientras le decía:
-¡Venga! ¡Espósame! Llévame a la cárcel. He cometido un delito, ¿no? Pues encarcélame unos días y ya está. Además, me da mucho morbo…
Aquel que dijo una vez "La mejor defensa es un buen ataque" Mucha razón tenía. La verdad es que, en momentos así me alegro de ser mujer y poseer las armas que nos caracterízan. Por uno u otro motivo, acabas asegurándote el éxito hasta en las pruebas más descabelladas...
Después de tontear un rato, volví a soplar. Mi nivel había bajado algo, aunque aún era ilegal, pero como el amigo de mi hermano (pobrecillo, lo he ignorado durante toda la historia) estaba mejor que yo, conseguí convencerlo para que nos dejara irnos hasta aquella fiesta que nos estaba esperando.
Yo por supuesto, a pesar de la peluca magenta y la pinta que tenía (uf! Imaginad el calor de agosto con la dichosa peluca), ya no tenía ganas de fiesta. Se me había ido todo tras la escenita del guardia civil y además, en el fondo lo había pasado muy mal. Mi tensión estaba por las nubes y mi corazón se me salía del pecho de los nervios que había pasado. Por suerte, esta vez me fui por un camino “secreto”, para asegurarme de que no tropezaría con la misma piedra, y, sobretodo, para llegar rápido a la casa y meterme en la cama para dar gracias al cielo de que me había conseguido librar de una multa de más de seiscientos euros!
Escrito porAlejandra Duque a las 09:06 PM | Comentarios (18)
Enero 23, 2006
CARLA

Tengo una gran amiga que ha vuelto a las "andadas"... En realidad, hacía ya tiempo que lo había dejado ya que, acabó la universidad, tiene un trabajo decente y una vida tranquila... Sin embargo, se ha encaprichado con una cosita que para conseguirla a corto plazo, ha decidido volver a sumergirse en aquel mundo que tantos dolores de cabeza le había producido hace no demasiado tiempo: Un coche. Y no es un coche cualquiera. Quiere uno muy concreto que cuesta alrededor de tres millones de las antiguas pesetas, por lo que, si todo va bien en cuatro mesecitos habrá logrado su objetivo... De todas formas, yo sigo pensando que lo que le pasa es que echa de menos esa vida. No solo por el dinero y por el estilo de vida, sino por la sensación de que hombres poderosos estén pagando por tí una gran suma de dinero, y eso, cuanto menos, te sube la autoestima por las nubes...
Por supuesto, la agencia a la que se ha "reincorporado" es la misma de siempre. Es decir, donde ella y yo nos conocimos y donde, a pesar de que ya no es lo que era, siguen al pie del cañón.
A mi amiga Carla, que así se llama, le extrañó muchísimo volver a a cruzar el umbral de la entrada de la agencia... Las mismas paredes, la misma decoración, la misma luz, pero algo era distinto. El lugar ya no albergaba la vida y la espontaneidad que caracterizaba a la agencia en nuestra época. Las sensaciones eran diferentes, la energía era otra y las caras, completamente desconocidas. Imagino que un atisbo de tristeza asoló a Carla en el momento de entrar al apartamento, ya que es exactamente la sensación que a mí me hubiese embargado: Nostalgia por un pasado feliz.
De igual manera que Debora Caprioglio la protagonista de "Los burdeles de Paprika", un emblemático filme de Tinto Brass, muy bien expresa al final del filme, es inevitable cogerle cariño al lugar, a las chicas, a la "madame", a los clientes... Incluso después de no haberlo pasado demasiado bien alguna que otra ocasión, te quedan buenos recuerdos que al final, acabas relegando en un lugar especial de tu corazón.
Exactamente eso es lo que nos pasó en nuestra "época". Nos cogimos mucho cariño. 
Quizá sea porque en un contexto tal, es inevitable aferrarte emocionalmente a tus semejantes para soportar mejor la experiencia, quizá sea porque nuestro destino tenía preparado que nos conociéramos en tales circunstancias. Que más da. Lo importante es que fue bonito mientras duró y mucho aprendimos de aquella etapa en nuestras vidas, por lo que, por ese motivo, ya tiene un valor incalculable.
Como iba diciendo, Carla, tras presentarse a la encargada (no sin que antes hubiese sido anunciada su llegada por el dueño de la agencia, Richard), entró hasta el salón y conoció al nuevo "staff"... Por lo que me contó, no eran para echar cohetes y enseguida entendió la insistencia del "jefe" para que regresara, sin haberle puesto ninguna pega por haberse marchado en su momento.
Todas iban vestidas de forma muy exagerada, es decir, enseñando toda la carne posible, y eso, sin duda, es algo muy vulgar.
Carla, comparándose con esas explosivas leonas, se vió como una aburrida universitaria, llevaba unos tejanos gastados, un jersey la mar de sencillo y el pelo, atado en una cómoda coleta, vamos, como si acabara de salir de la biblioteca. Aunque no le preocupó. Había venido solamente a conocer a la nueva "encargada", y tras una breve presentación, se marcharía. Sin embargo, algo interrumpió sus planes: Llamaron de repente al teléfono de "trabajo" y la señora lo cogió. Por lo visto era un conocido cliente que venía de camino y que quería estar con una señorita. (Normalmente, no se avisa con tan poco tiempo de antelación en una agencia de este tipo, sin embargo, a veces hay excepciones) Y aunque Carla no se veía preparada, la señora, sin dejarle casi ni hablar, la metió en una de las habitaciones con el resto de las chicas, que serían cuatro o cinco lobas.
Una vez en la habitación, se podía oir como el señor llegaba y conversaba con la "madame" mientras las chicas se observaban unas a otras en la habitación. Es más, observaban a Carla con aires de superioridad. Desde que había entrado en el piso, apenas había obtenido un crudo "hola" de alguna de ellas, y ahora, en una extraña intimidad en lugar de sentirlas cómplices las concebía como amargas mujeres que la miraban como si les hubiera hecho algo malo con su inocente presencia, sin perder ese tono altivo y soberbio en todas ellas, creyéndose mejores que mi acorralada amiga...
Tras unos eternos instantes, la "madame" abrió la puerta de la habitación:
-Id pasando de una en una y saludadle.
Carla no quería salir. No estaba ni maquillada. No estaba ni siquiera preparada. Había sido para ella muy brusco esto de volver a alquilar su cuerpo a anónimos señores... Sin embargo, nadie la escuchó y con un empujoncito, llegó su turno.
Salió al salón, con una pícara sonrisa, como solo ella sabe poner. Se sentó al lado del cliente y notó lo nerviosa que estaba. Había sido todo muy inesperado, pero igualmente aguantó algún que otro minuto con una banal conversación, tal y como había hecho en el pasado cientos de veces. Llegado el momento, se despidió de él y regresó con esa panda de antipáticas, deseando que se fuera cuanto antes con una de esas pendoncillas para dejarle a ella vía libre para poder regresar a casa en paz.
Por suerte, enseguida, el cliente comunicó su elección a la encargada. Pensaba pasar la próxima hora y media con la que más le había gustado, y por suerte todo en la suite estaba preparado para el encuentro.
¿Sabéis al final a quién eligió? Pues a Carla, contra todo pronóstico para ella y para las lobas que le rodeaban.

Pobrecilla, si solo por verla entrar en el apartamento, con ese cuerpo y esa belleza, ya la odiaron, imaginad lo que debieron pensar de ella cuando el cliente la escogió yendo vestida de cualquier manera... Aún le pitan los oídos a la pobre Carla de lo mal que deben haber estado hablando de ella... Es injusto, ella no tiene la culpa de aquello. Este tipo de cosas pasan, sin embargo, como he dicho ya entes en mi época, había un respeto, una fidelidad y una lealtad entre todas que veo que ahora, apenas se recuerda que una vez esos valores existieran.
Escrito porAlejandra Duque a las 12:41 AM | Comentarios (21)
Enero 20, 2006
GLITTER!

Hubo una época en que yo no era tan pija...
Me gustaba vestirme de manera muy ecléctica y llamativa, utilizando colores puros y tiñéndome el pelo de tonos anti naturales... Es decir, era una mezcla de Gwen Stefani y Agatha Ruiz de la Prada.
Me gustaba maquillarme de manera que mi rostro no pasase desapercibido y admito que en ocasiones me pasé... y mucho. Me gustaba utilizar purpurina (cuando salía por la noche, claro) y me ponía en los párpados, sobre la línea negra del "eyeliner", o incluso formando un original "bindi".
Explico esto para que lo que viene a continuación, tenga sentido:
He crecido en un ambiente donde abundaban las relaciones sociales, ya que, en casa siempre se organizaban cenas, fiestas, o lo que sea, por muchos motivos. Y claro, a mi, que con 18 años me empezaban a gustar los hombres más mayores que yo, pues era perfecto, porque muchos acudían a este tipo de cenas y reuniones. Disfrutaba como nadie flirteando con alguno que otro mientras sus mujeres estaban a pocos metros de nosotros, inmersas en sus cosas e incluso de vez en cuando, conseguía meterles mano por debajo de la mesa, poniéndolos de los nervios, o acorralar en el baño al que más me gustaba de todos en aquella época. Lo cierto es que, con esta persona en concreto, estábamos liados desde hacía ya un tiempo, pero, por supuesto, lo nuestro era "Top Secret"...
Y bueno, es aquí cuando interviene lo de la purpurina. Imaginaros una cena, en la sobremesa, donde la gente ya está algo dispersada (el comedor, el salón...) y de repente uno de los invitados, un respetable abogado para ser más concretos, regresa a la mesa con algo fuera de lo común... ¡Tiene brillitos en la cara! ¡Como si se hubiera estado peleando con un árbol de navidad!... Y bueno, por suerte no era el único. Más de una mujer aún tenía restos de mi purpurina tras haberlas saludado al llegar, pero no por eso dejó de ser sospechoso que justamente él tuviera purpurina hasta en el cuello, pero bueno... Como bien me habían enseñado por aquel entonces, yo siempre lo negué todo.
Probablemente, con alguno que otro, era un secreto a voces, pero por suerte, eso ocurría solamente con los divorciados, cosa que aunque la diferencia de edad sea escandalosa, al menos no hay una tercera persona implicada de por medio. Sin embargo, las historias de los que seguían, y siguen, casados, aunque son divertidas, nunca se sabrán. Y me consta que si algún día se supieran, a más de uno iba a dejar, sin duda, con la boca abierta.
Escrito porAlejandra Duque a las 03:28 PM | Comentarios (7)
Febrero 22, 2005
Mi Primer Libro
En estos momentos, me es bastante difícil transmitir lo que siento. Tenía un par de ideas para desarrollar hoy, pero creo que lo haré otro día. Estoy demasiado desbordada por lo que acaba de ocurrir. Demasiadas emociones. Demasiados nervios. Demasiado estrés.
Acabo de llegar al hotel después de una dura jornada y he decidido plasmar mis impresiones para compartirlas con quien las lea. Está cayendo un chaparrón de espanto, pero por suerte el hotel está muy cerca de la Editorial Planeta, lugar donde llevo metida desde las nueve de la mañana sin parar ni un momento. ¿Y todo por qué? Pues por "La agenda de Virginia", mi primer libro.
Atravieso, petrificada por el frío, las puertas de cristal de la entrada, saludando a los simpáticos guardia-jurados, para los que mi cara ya empieza a serles familiar. Casualmente, en el ascensor coincido con David, Lucía y Miguel, los artistas de caracterización que en unos momentos me van a transformar en otra persona.
Anoche ya hicimos un ensayo, el cual utilicé para mi aparición en directo en el programa "7Días, 7Noches", por lo que ya sabía lo que me esperaba... La cara de bruja de Disney que el propio Walt hubiese censurado.
Tras dos horitas pegada a una silla, excepto por mis escapaditas al baño debido a que la histeria me estaba creando una especie de incontinencia crónica, ya estaba lista para ir pegando sustos a las editoras de Temas de Hoy que por ahí correteaban, y que no daban crédito a lo que veían sus ojos. Pero eso, solo se trataba de un breve pasatiempo ya que, en el piso inferior, ya me estaban esperando los del Canal 9 con la cámara a punto de caramelo...
Decidieron colocarme de perfil, donde lo único que se vería sería el pelo y mi mega-napia... Igualmente yo iba a estar histérica, así que genial.
Justo después, me retocaron un poquito más, para terminar de parecerme del todo a la hermana fea del Gran Wyoming, y así lanzarme, sin dilación al que yo creía que sería el momento más tenso de mi vida.
Antes de mi aparición en la mesa, me precedió, además del video de la presentación de la Colección de Antonio Salas, Serie Confidencial, dos impecables discursos de la mano de Teresa Viejo y Juan Ramón Lucas, que me esperaban junto a Belén López, la directora de Temas de Hoy.
Mis nervios me hacían temblar la voz, y el distorsionado estruendo de mis palabras, me impedía pensar con claridad. Si Juan Ramón, no me hubiese ayudado a servirme agua de la botellita, me hubiera quedado seca como el palo de una escoba, ya que nisiquiera tenía fuerzas para algo así.
Por suerte, no fueron muy generosos en preguntas, y la cosa hubiera sido coser y cantar si no hubiese sido por un periodista, que con una ácida intención, preguntó acerca de la inexistencia de iniciales o pistas para desvelar la identidad de aquellos personajes con cierta relevancia social que se han cruzado en mi vida. Le contesté decidida, que si he escrito este libro, es para contar mi historia, no para perjudicar la vida de nadie, a lo que él replicó que quizá así, identificando a los posibles clientes, se paliaria, de alguna manera, la demanda que pueda existir en el sector del sexo de pago.
"Mientras haya hombres, existirá la prostitución", dije, citándome a mi misma, y entonces él, desde un punto de vista subjetivo (cosa que un periodista que se precie jamás debería hacer) respondió que él era un hombre pero que nunca había utilizado ese tipo de servicios. -Serás de los menos- contesté sonriéndole.
Cuando acabó la rueda de prensa, me hizo muy feliz que Juan Ramón me felicitara por mi acertada aunque quizá torpe respuesta ante aquel corrosivo periodista. -Ése tipo de gente me pone enfermo-, añadió él, y lo cierto es que comparto su opinión.
A la rueda de prensa, también asistió mi gestor, el cual casi no destacaba de entre la manada de periodistas, y por supuesto entre el público estaba Antonio Salas. Al menos lo ha sido en la ficción hasta hace muy poquitos días, se trataba de Nancho Novo, por cierto, un tío majísimo, que acaba de terminar de rodar "El año que trafiqué con mujeres", y ¿quién sabe? Puede que incluso el propio Antonio Salas se encontrase entre el público... ¿porqué no?
Tras unos nuevos retoques y unas cuantas firmas (por lo visto las dedicatorias de los autores en la sombra, cómo yo, están cada vez más cotizadas) volví de nuevo al ruedo, pero esta vez para colocarme ante la cámara con más dinamita de entre toda la televisión: TNT. No recuerdo sus nombres, porque era demasiada información que retener en un solo día, pero sí recuerdo su extraordinaria simpatía. Esta vez, dejaron mi cuerpo en sombra, dibujando mi silueta contra el enorme póster con la imagen de la portada de mi libro.
Fue una entrevista entretenida, y de hecho uno de ellos quizá siga dándole vueltas a un pequeño desafío que le propuse, aunque en realidad, lo hice para marearle un poco, ya que, la solución la sabía incluso antes de que yo le sonriera...
Por fin, tras una mini entrevista más para una agencia de noticias, regresé a mi añorado silloncito, para ponerme en manos de mis salvadores, aquellos que por fin me arrancarían mi cara de travesti desquiciado para volver a ser yo misma. Alejandra.
Escrito porVirginia a las 09:18 PM | Comentarios (32)
Febrero 09, 2005
And the Winner is...
Poco falta para la ceremonia de entrega de los Oscars.
Esas bellas actrices con sus incalculables y maravillosos vestidos, desfilando por la alfombra roja y cogidas del brazo de aquellos hollywoodienses galanes... menuda explosión de lujo y glamour, condensada en una única noche a la que, en algún momento, seguro que todos hemos deseado pertenecer.
Llegadas estas fechas, no puedo evitar rememorar aquella noche, una gala algo amarga tras el atentado del 11-S, en que me tragué la ceremonia entera, casi sin querer, hasta las mil de la mañana...
Por aquella época, todavía vivía con mis compañeros de piso, en un bonito apartamento en Barcelona centro. Aquella noche teníamos visita, mi prima Ángela había venido unos días a la ciudad y además había venido a cenar Guillermo, un Dj guapísimo, notoriamente célebre en su sector musical, con el que me lié la semana anterior.
Teóricamente, Ángela se quedaba a dormir en el sofá, pero, visto el panorama, le ofrecí mi dormitorio, alegando que allí me reuniría yo con ella más tarde (en esa cama cabía mucha mucha gente) para quedarme yo a solas con Guillermo, con el que, después de aquella noche de pasión, nada había vuelto a ocurrir entre nosotros.
La idea de que yo tuviese, teóricamente, novio, la verdad es que no le emocionaba demasiado.
Con la tontería de los Oscars, nos acurrucamos en el sofá, iluminados por la tenue luz de unas aromáticas velas.
De Guillermo, lo que más me gustó siempre es su peculiar sentido del humor. Conectamos desde el principio, y aunque hoy en día, tras una serie de acontecimientos, nos hemos distanciado considerablemente, todavía conservo cierto cariño hacia él, que supongo que me durará toda la vida. A pesar de que, las opiniones de mis amigas, distaban bastante de la mía, a mi me parecía un chico tremendamente sexy. Además, cada vez que lo veía pinchar, en lo alto de la cabina de turno, me derretía.
Llegados a las nominaciones de Mejor Vestuario, yo ya me empezaba a caer de sueño, y lo único que me mantenía despierta era la idea de que algo muy excitante y divertido, a punto estaba de suceder.
Por suerte, mi compañera de piso, Hanna, anunció que se retiraba. "¡Por fin!" Pensé yo, mientras, estratégicamente me escapaba un segundito a mi dormitorio para ponerme aquel camisón de seda tan sexy que tan bien me sienta.
Regresé al salón y ahí estaba Guille, con el mando de televisión en la mano y una pícara sonrisita dibujada en los labios. Me acerqué a él lentamente, consciente de mi provocativa indumentaria, y me senté en su regazo. Uní mi boca con la suya en un largo y profundo beso que se me hizo deliciosamente eterno, mientras sus manos recorrían mi espalda, mi pecho, mis muslos, a la búsqueda de algo que, por razones obvias yo estaba segura que no íbamos a poder consumar.
La casa estaba llena de gente y nosotros estábamos en el salón, ¿cómo íbamos a enrollarnos en tal situación?. En cuanto ese conservador sentimiento, cruzó mi mente, supe que lo que me pedía el cuerpo era trasgredirlo, así que, sonriendo para mis adentros, me tumbé en el sofá-cama.
Guille se tumbó junto a mí, abrazándome por la espalda, a sabiendas de que yo le acababa de decir que no me parecía muy correcto hacer nada que nos pudiese dejar en una situación comprometida. La cama era bastante estrecha, por lo que, si no nos apretujábamos, no habría manera de dormir.
Acababan de nominar a Moulin Rouge cómo Mejor Vestuario, y con el volumen bajito, los sonoros aplausos en el Kodak Theatre de Hollywood, retumbaban, a tiempo real en el salón de mi casa mientras Guille, sin poder contenerse, ya deslizaba sus cálidas manos por debajo de mi camisón.
Su tacto, sumado a la sensación que me provocaba la idea de que nos pillasen en cualquier momento, hacía a mi cuerpo excitarse por momentos, y, en cuanto acercándose a mi cuello, comenzó a susurrarme cositas al oído, me puse verdaderamente a mil.
Mi mano derecha fue, por propia iniciativa, hasta su entrepierna, para descubrir, a través de la tela, cómo su miembro crecía y crecía, pidiendo a gritos que cotinuase con mi exploración.
De repente, sus dedos ya se habían colado por debajo de mis braguitas, por lo que en cuestión de segundos pudo dar Fe de la humedad que, en esa determinada parte de mi cuerpo, indicaba que ya se estaba preparando para la acción.
Yo, al mismo tiempo, ya había liberado, sin siquiera darme la vuelta,
su erecto pene de su prisión de algodón elástico y acariciando su piel entre mis dedos, sentía que deseaba urgentemente que aquel palpitante miembro estuviera dentro de mi.
Guillermo debió leerme la mente porque, acto seguido, cuando nuetros cuerpos no aguantaban estar tanto tiempo separados, me penetró. Tras unas maravillosas embestidas, siempre cubiertos por el edredón, cambió de postura, colocándose de rodillas mientras yo continuaba echada y ladeada. El placer que sentí es verdaderamente inexplicable. En cualquier momento podría salir Hanna o Ángela, o Lucas, mi otro compañero, pillándonos con las anos en la masa, y eso me excitaba muchísimo.
Esa noche tuve varios orgasmos seguidos. Ahogados pero muy intensos. Eché de menos más intimidad para poder gritar a pleno pulmón como me gusta, pero hubiera despertado a todo el edificio, y nuestra aventura se hubiese ido al carajo.
Cuando Guillermo, tras toda esa descarga de adrenalina, llegó por fin a un apoteósico orgasmo, también tuve que taparle la boca con mi mano cómo pude, o nos hubiesen pillado de lleno, ya que, pasando ya de tanto disimulo, yo ya estaba a cuatro patas sobre el sofá despojada de todas mis ropas y sin edredón a la vista... Menuda escenita...
Perdimos, evidentemente, el interés por los Oscars, y a la mañana siguiente tuve que mirar corriendo internet para averiguar que "Una mente maravillosa" se había llevado lo mejor de la noche (sin contarmme a mí) por si mi prima o alguien preguntaba...
Escrito porVirginia a las 03:30 AM | Comentarios (5)
