Julio 23, 2006
Y los sueños, sueños son...

21:00
Ya me estaba poniendo los zapatos, sentada en el sofá del salón, cuando
vi en el reloj del Canal Satélite que eran justamente las nueve en punto.
«Bueno, hay tiempo», pensé. Cogí mi agenda, que estaba sobre la
mesa junto al ordenador, para apuntar lo de la convención de Madrid
antes de que se me olvidase. Mientras lo hacía, regresé a la página del
día que nos ocupaba y la encontré prácticamente en blanco. La observé
un instante y decidí apuntar la cita que iba a tener con Antonio
Salas. No imaginaba que ese momento que estaba a punto de llegar y
que yo ya estaba documentando supondría el final definitivo de una
etapa de mi vida, marcando un antes y un después en la historia de
Alejandra Duque.
Me puse el abrigo negro y cogí el bolso, cerciorándome de que todo
estaba en su sitio antes de salir corriendo hacia el ascensor. Encontré
un taxi en la esquina de siempre:
—Plaza Real, por favor.
Instintivamente saqué el espejito para retocarme el maquillaje. Después
de tanto tiempo había adquirido la capacidad de maquillarme en
un taxi de tal forma que hasta podía hacerlo a oscuras sin problemas.
Así que, aunque no necesitaba retocarme nada, me miré a los ojos a
través del espejo durante unos instantes. Trataba de comprobar si mi
mirada exteriorizaba todo lo que había en mi interior, toda esa condensación
de experiencia y de información que me había convertido
en lo que soy ahora.
21:20
Eran las nueve y veinte cuando el taxista me dejaba en la Rambla,
al otro lado de los arcos de la plaza. Hacía tiempo que no pisaba el
centro, y al cruzar por el paseo hasta el umbral de la plaza sentí como
si estuviera en terreno mágico. Acababa de comenzar La sombra del
viento, de Carlos Ruiz Zafón, y al estar ambientada la novela por esos
mismos lares, me daban ganas de pasear por allí sólo para situarme
mejor en el ambiente de la novela.
Llegué al restaurante y no me pareció ver a nadie que pudiera ser
ese enigmático personaje al que estaba a punto de conocer. Me encontraba
bastante nerviosa, aunque trataba de disimularlo. Conocer en
persona a Antonio Salas me parecía más emocionante todavía que verle
la cara al Dr. Mad, el malo de la serie Inspector Gadget, del que nunca
se ven más que los brazos y el gato.
Me llevaron a la mesa que yo había pedido, la de la esquina derecha.
Bueno, más que mesa, cama. Me quité los zapatos, dejándolos en
un rinconcito en el suelo, y me subí al colchón. Me hice un huequito
entre los cojines mientras esperaba. Cada minuto que pasaba, estaba
más nerviosa. Me sentía un poco rara habiéndole contado mi secreto a
alguien a quien no conocía de nada. Por lo que lo había leído, parecía
un buen tipo, pero nunca se sabe… La incertidumbre me estaba matando.
Miré el reloj: eran exactamente las nueve y media. ¡Qué nervios!
Justo en ese momento, una figura ascendía las escaleras lentamente.
Le observé y vi cómo se quedaba parado, justo debajo de la maravillosa
lámpara de araña que adorna este restaurante. «¿Será él? ¿Será
Antonio Salas?», me dije a mí misma, aunque por si acaso, por no meter
la pata, no dije nada ni le hice ninguna señal. Esperé, observándole,
hasta que de repente nuestras miradas se cruzaron y ambos la sostuvimos,
sonriéndonos mutuamente… «Es él, no hay ninguna duda», pensé.
Se acercó lentamente hacía mí mientras yo me incorporaba. No sabía si darle la mano o darle dos besos en las mejillas… No sabía si podía tutearle o si debía llamarle de usted, al fin y al cabo, no estamos hablando de cualquiera, tenía delante al mismísimo Antonio Salas. Esa enigmática persona que tanto ha dado que hablar en los últimos años… Estoy segura de que, si se tratase del presidente del gobierno, por dar un ejemplo, no hubiera estado, ni por asomo, tan nerviosa como lo estaba en ese momento.
Sonriéndome, llegó hasta la mesa, bueno, la cama y me preguntó «¿Alejandra?» y yo, con la voz temblorosa de una adolescente cualquiera que se acaba de topar con su Bisbal de turno le contesté «¿Antonio?».
Nos dimos dos besos. ¿Qué íbamos a hacer? Estamos en España.
Al instante, mientras él se quitaba los zapatos (normas de la casa) y se sentaba, me quedé unos segundos absorta, completamente envuelta en el aroma de su perfume… Era Carolina Herrera for Men. Lo sé porque cada vez que lo detecto en algún transeúnte que me cruzo por la calle, mi sexo se humedece automáticamente…
Aunque parezca mentira, su aspecto era tal y como había imaginado durante todos esos días y todas esas noches que pasé enganchada sus libros, página tras página.
Enseguida, hubo algo en él que me pareció muy sexy. No sabría decirlo a ciencia cierta. Quizá sea el tono de su voz, su manera de narrar interesantísimas historias, su sonrisa, sus bromas, o quizá, la fascinación que en mí había causado la lectura de sus obras. Al mismo tiempo se me antojaba una persona ingenua y vulnerable, como un sabio maestro que está a punto de desvelarte el sentido de la vida…
Supongo que fueron esas contradicciones las que más me atrajeron de él, y supongo también que mi peculiar filosofía sobre la vida, hizo que nuestro encuentro no fuese como lo hubiera sido con cualquier otro ser humano del planeta tierra.
23: 45
Desde el momento en el que Toni entró en el restaurante, el tiempo pasó volando. La estupenda cena que nos sirvieron, transcurrió divinamente, entre conversación profunda y conversación trascendental, hasta el momento en el que le pidió la cuenta al camarero y éste le dijo que ya estaba pagada.
—Cómo? ¿Qué ya está pagada? — Preguntó, con cierto gesto de incredulidad, pensando quizá que podía ser una trampa y que algún nazi peleón le estaba esperando a la puerta del restaurante.
—He sido yo. —Espeté, con una sonrisa picarona y la copita de champagne en la mano. — ¿Qué menos podía hacer por ti que invitarte a cenar?
—Vaya. Muchas gracias. Pero, no tenías por qué. ¿Cuándo lo has hecho?
—Pues cuando fui al baño (cosa que suelo hacer a menudo, por cierto) (me refiero a lo de pagar las cuentas a escondidas, no con lo de ir al baño, que también)
Mientras me observaba, sorprendido por mi iniciativa, pensé para mis adentros… «Je, je! Esto no se lo esperaba. Acabo de meterle un gol. Alejandra 1 - Toni 0 » Cuando acabamos la botella de Champagne, yo ya no era la misma persona que había entrado por esa puerta un par de horas antes. Ahora estaba, no solo flipando en colores, sino que no cabía en mí, dada la cantidad de cosas tan inverosímiles que ambos teníamos en común… vamos, que hasta teníamos el mismo tono del móvil (una melodía completamente atípica, por cierto.)
Como no podía ser de otra forma, y ya que lo teníamos tan a mano, bajamos a tomarnos una última copita a la sala de abajo, que pertenece también al restaurante.
00:20
Sonaba una música electrónica algo movidita aunque agradable. Me dieron ganas de bailar, pero prefería estar prendada a él, absorta en nuestra conversación, escuchando atentamente cada una de sus palabras. Me sentía la mujer más afortunada del mundo, y no solo lo sentía, creo que realmente, lo fui.
Mientras sujetaba mi segunda Caipirinha entre las manos, le miré fijamente a esos enigmáticos ojos de color indeterminado y le pregunté:
-Toni, ¿por qué me contestaste al e-mail?
-Te contesté porque contesto a todos los que recibo.
-Ya, pero, quiero decir ¿por qué creíste mis palabras? ¿por qué nos hemos seguido “carteando” y hablando por Messenger y por qué estás hoy aquí? ¿No has llegado a pensar que podía estar mintiéndote y que en realidad fuese un Skinhead amargado o algo por el estilo?
-Creo que no sé como responderte a esta pregunta. No sé si fue tu manera de expresarte, la espontaneidad de tus respuestas o mi propia intuición, pero desde el primer e-mail me has transmitido sinceridad y algo ha hecho que haya confiado en ti de una manera fuera de lo común, arriesgándome a que fuera una trampa. Claro que en mi interior sabía que estaba haciendo lo correcto.
-Es curioso. Yo tampoco sé exactamente que fue lo que me impulsó a escribirte la primera carta. También me estaba arriesgando a que fueras una invención, un personaje de ficción creado por una editorial, tal como muchos aseguran… jajaja!
-Bueno, si fuera un personaje de ficción, ahora no estaríamos aquí, borrachos de Caipirinhas en un recóndito club barcelonés.
-La mía se me está acabando… ¿Qué tal si continuamos en otro local más animado?
-Hecho! – Me contestó. Y unos instantes después ya estábamos subiendo las escaleras, de regreso a la Plaza Real. Me sentía algo mareada, pero era un mareo alegre… Mis nervios se habían disipado y me encontraba ya en un clima de confianza, pero al mismo tiempo, estaba algo inquieta… No podía olvidar en ningún momento que esta no era una velada cualquiera, estaba junto a alguien que admiraba como a un ídolo y, por si fuera poco, estaba comenzando a experimentar cosas que hacía tiempo que no sentía… Mentiría si dijese que por unos instantes no sentí cierto miedo a lo desconocido, a lo que quizá, y solo si mi destino así lo disponía, estaría a punto de ocurrir…
En el camino hasta Elephant, que, por cierto, está casi en la otra punta de Barcelona, en la Avenida Pedralbes, la conversación fluyó entre nosotros de la misma forma que hacía tiempo que ya nos habíamos acostumbrado. Yo me sentía cada vez más embriagada, pero la sensación era dulce y divertida. Supongo que, al lado de Toni, me sentía protegida.
01: 30
En cuanto nos plantamos frente a la puerta del local, apenas me dieron tiempo a abrir la boca, cuando un amable portero ya nos estaba abriendo la cadenita, invitándonos a pasar por lo que sería la “puerta VIP”. Este golpe de suerte me hizo pensar de nuevo en que me había marcado otro tanto delante de él, ¡y sin premeditarlo! ¿Qué se le va a hacer? Esta es una de las ventajas de ser mujer, estar buena y salir cada fin de semana en Barcelona. “Alejandra 2 – Toni 0 ”
Nos instalamos en unos sofás blancos muy exóticos. Estaba todo abarrotado así que, escogimos el único lugar donde, de aquella manera, podríamos continuar nuestra conversación. Toni se fue a la barra y me dejó unos segundos sola, mientras iba a por un par de cócteles más para continuar la velada. Entonces me dio tiempo a reflexionar un poco… Hasta la fecha, estaba acostumbrada a acostarme con los hombres con los que había salido, justo en la primera cita. Es más… a veces, incluso antes de la primera cita. Y no me refiero a los hábitos de Virginia, ese es otro cantar, me refiero a mí misma, a Alejandra… De hecho, me he enrollado con tíos antes de preguntar siquiera como se llaman…
Sin embargo, en esta ocasión, aunque mi patrón de conducta me empujaba a actuar como el cuerpo me estaba pidiendo, solo con pensar algo así, me sentía como una pervertida… Me avergonzaba solo de pensar que pudiera llegar a pasar algo con Antonio… «Por favor» Me decía a mi misma… «Es imposible que pase algo así» Estaba segura de que no debía dejar que ocurriera nada más allá de la amistad que ya teníamos, entre otras cosas, porque él, conocía mi secreto. Conocía mi doble vida, y realmente era algo a lo que no estaba nada acostumbrada, ¿qué alguien de mi vida real conociera mi vida secreta? ¡Antes muerta que permitir algo así! Además, no solo me perturbaba ese hecho, por mi cabecita también rondaba la idea de que, «claro, si sabe “mi secreto”, puede pensar perfectamente que el sexo para mi es como un deporte más y que estoy dispuesta a practicarlo con cualquiera» y ese pensamiento, básicamente me alertaba de que quizá se fuese a aprovechar de mí. Claro que, bien pensado, también yo me estaría aprovechando de él… Y si no ¿cuantas veces tiene una la oportunidad de flirtear con su escritor favorito? Creo que no muchas, por eso decidí dejarme llevar por el morbo de la peculiar situación.
Cuando Toni volvió con las dos copas en la mano, observándome fijamente mientras se acercaba hasta el sofá, en un segundo deseché todo aquellos “peros” con los que acababa de reflexionar «¡Al diablo!» Pensé «Será lo que Dios quiera.»
Lo que vino a continuación es, a día de hoy, una sucesión de recuerdos borrosos, imágenes, palabras, aromas…
03:00
Sé que cuando estábamos a punto de despedirnos, algo nos empujó el uno contra el otro, haciendo que un magnetismo se adueñara de nuestros cuerpos, éramos dos polos opuestos que no podían evitar atraerse… Por fin sentí como la humedad de su lengua exploraba mi boca mientras me cogía firmemente por la cintura. Mi mano derecha se deslizó hasta su cuello, y mientras mi mano se deleitaba con el tacto de su cabello, me acercó hacia él más todavía, haciendo que nuestros cuerpos, uno contra el otro se desearan mutuamente. Pronto, se acercó hasta mi nuca, y me susurró suavemente «¿Hacemos la última copita en mi hotel?» Y sin dudarlo un instante, le contesté con una sonrisa.
En resumidas cuentas, el marcador acabó igualándose… “Alejandra 4 - Toni 4”.
06:45
El odioso «kikirikí» de mi cibernético móvil retumba estrepitosamente,
sin piedad, entre las paredes de mi habitación, devolviéndome repentinamente
a la realidad desde la profundidad de ese sueño en el que me
encontraba sumida. Al despegar mis párpados y buscar el origen del
molesto ruido, a punto estuve de caer en la tentación de volver a cerrar
los ojos y recrear en mi mente el sueño húmedo y sensual que me
había provocado una gran excitación que todavía estaba presente sobre
mi piel erizada. De alguna manera se trataba de un sueño premonitorio,
que intentaba advertirme —o al menos adelantarme— de lo que quizá
me aguardaba aquella noche…
Escrito porAlejandra Duque a las 02:20 AM | Comentarios (14)
Septiembre 16, 2005
Mi sueño

Abro los ojos. Todo esta oscuro. Siento calor, mucho calor. Estoy tumbada en una cama, apoyándome sobre mi lado izquierdo. Mi cuerpo está envuelto en una fina capa de sudor, algo pegajoso pero ligero. Mis ojos tardan unos instantes en acostumbrarse a la oscuridad. Un breve rayo de luz se cuela desde algún sitio, permitiéndome así ver un poco mejor. Siento que no estoy sola. Algo se mueve. Alguien se mueve. Alguien rodea mi cintura desde atrás. Siento su tacto suave sobre mi piel desnuda. Me giro hacia el origen de esa mano y me encuentro con unos impactantes ojos azules y enormes que me observan y estudian minuciosamente. Al verlos, se despierta en mi la pasión. Deseo poseerlos. Deseo poseer esa mirada, esos ojos grandes y sinceros.
Entonces, es su boca la que sin dudar, se une a la mía. Sus labios, extremadamente carnosos, saben todavía a gloss de frambuesa, y su lengua, certera y jugosa, juguetea con la mía, tratando de despertarla de su sopor.
Pronto, su mano ya está acariciando mi pecho, y yo, aunque me ruborizo, deseo ardientemente que ese ángel que tanta pasión en mi está despertando, se quede para siempre a mi lado.
Miro al techo, un antiguo ventilador da vueltas, haciendo el ambiente menos insoportable. Hay mucha humedad en el aire. Me siento como si estuviéramos en el Caribe o en algún rincón al sur de Asia. Sus generosos labios, siguen pululando por mi cuerpo. Se me eriza el vello de todo el cuerpo cada vez que, queriendo o sin quererlo, roza su boca con mi piel.
En un momento dado, se incorpora, mostrándome, en un tenue contraluz, la belleza de su cuerpo, que, algo brillante por el sudor, permanece imbatible a mi lado. Alargo mis manos,y comienzo a acariciar su cintura, su abdomen, sus pechos, sus frágiles brazos. Siento como mi sexo se humedece por momentos, preparándose para dar la bienvenida a tal maravillosos ser. Sus ojos continúan penetrándome con la mirada, hablándome sin palabras, mostrándome su excitación.
Me incorporo ante ella, y comienza a lamerme el cuello. Muy lentamente, baja hasta mi pecho, entreteniéndose por unos instantes con mis pezones. Yo continúo acariciando su piel, y poco a poco, me voy acercando hasta su fruto más preciado, su clítoris.
Humedezco antes mis dedos, y con una saliva bien deslizante, comienzo a acariciar su sexo. Poco a poco, éste se va hinchando, y lo siento cada vez más lubrificado. Unos pequeños gimoteos, me indican que voy por buen camino, así que, suavemente, le indico que se tumbe, boca arriba sobre la cama.
Después de otro largo y suave beso, continúo bajando poco a poco por su cuerpo, rozándole solamente con la punta de mi lengua. Al fin llego hasta su pubis. Lo rodeo. Continúo bajando y comienzo a acariciar la parte interior de sus muslos, alargando un poquito el camino a la meta. Tras unos segundos, me acerco hasta sus labios vaginales, visiblemente excitados y ya preparados para la acción. Primero, lamo con suavidad su clítoris. Muy superficialmente. Se contrae toda ella, respondiendo así a mis certeras caricias. Voy aumentando poco a poco la velocidad, mientras, y después de humedecerlo bien, introduzco mi dedo índice en su vagina. Un aullido me indica que voy, de nuevo, por buen camino, y comienzo a penetrarla suavemente, una y otra vez, con mi dedo índice, mientras mi lengua, continúa sin descanso su tarea unos centímetros más arriba.
No pasa mucho rato hasta que, por fin, llega al orgasmo, corriéndose con gran fuerza en mi boca. Noto como sus músculos se contraen y cómo palpita tras la descarga de adrenalina que mi preciosa amante acaba de experimentar.
Se incorpora enseguida, y, mirándome con cara de “perra satisfecha”, me tumba sobre la cama y comienza a darme placer con sus expertas manos y con su lengua. Mi cuerpo se comienza a excitar cada vez más y sus húmedos besos me llevan cada vez más rápido a tocar el cielo. El placer que siento es fabuloso y, sintiendo como su lengua me lame sin descanso mientras, como antes, me está penetrando con su grácil dedo, siento que estoy a punto de tener el orgasmo más potente del mundo. De repente, noto que el clímax se acerca. Ella, al sentirlo, continúa más fuerte, y yo comienzo a gritar de placer. Una fuerza extraña y efervescente se está apoderando de mí, y es un placer tan grande que no se sí soportaré.
Ha sido un orgasmo salvaje. Verdaderamente intenso y trasgresor, y eso me encanta. Entonces, abro los ojos y me llevo un susto. La lúgubre y húmeda habitación ha desaparecido. Veo mis blancas paredes, mis sábanas japonesas, mis retratos gigantes en la pared. Todo ha sido un sueño. He tenido un intenso orgasmo mental involuntario soñando con Angelina Jolie. Es curioso que nunca me haya llamado la atención esta mujer y ahora mi subconsciente, la desee. Será por su última película, que sale tan guapa.
Aún me siento excitada. El sueño acabó, pero quiero más. Quiero volver a tocar el cielo. Me giro hacia mi derecha, para contemplar una imagen más bella que todos los sueños de Angelina Jolie juntos. Solo mirándolo, mi corazón palpita más fuerte y mi respiración se acelera. Lo deseo tanto que jamás imaginé que se pudiese desear así a una persona. Es algo realmente maravilloso.
-Mmm… Vaya, son las 7:30.- Me digo a mi misma.
-Creo que voy a despertarlo… jejeje
Escrito porAlejandra Duque a las 01:52 PM | Comentarios (28)
Mayo 06, 2005
Toys, toys, toys!
Voy caminando por la calle. Aparento tranquilidad. Normalidad. No hay mucha gente en mi misma acera. Que suerte. La calle es de doble sentido, he de fijarme bien. No ha de verme ningún coche cuando llegue el momento. Que vergüenza. ¿Y si lo dejamos para otro día?. No, venga. Que ya estamos aquí, además, no hay ningún peligro. Tranquila. Es algo normal, sino, lugares así no existirían, ¿no? Ya casi estamos. Apenas quedan seis portales hasta nuestro objetivo. Por fin. Me giro de nuevo y no veo a nadie cercano en muchos metros en mi misma acera. Bien. Pero si que hay gente en la otra acera. ¡Que corte! ¿Me estarán mirando? Seguro que lo llevo escrito en la cara. Seguro que estoy roja como un tomate. Ya se acerca el objetivo. No hay tiempo para dudas. Coge aire y relájate. A la de una… a la de dos y…. ¡Ya estoy dentro!
Así de tensa fue la primera vez que hice algo así. La primera vez que me atreví a entrar en un sex shop.
Era un misterio atroz y un morbo inconmensurable lo que me llevó a que me decidiera a hacer aquello. Algo que hoy por hoy es cómo entrar en un estanco, pero claro con una edad con la que, si me hubieran pillado, me hubiesen echado de una patada, lo ves todo desde el punto de vista de estar viviendo una arriesgada aventura.
Lo primero con lo que me topé fueron las carátulas de los vídeos (si eran de alquiler o venta, no lo recuerdo) que permanecían expuestos en las estanterías. Mostraban tímidos extractos de las escenas en ellos contenidas, pero para mí resultaba verdaderamente escandalosos. Ver a esas mujeres tan guapas y tan explosivas me atraía muchísimo al mismo tiempo que me producía respeto y cierto miedo. Miedo a lo desconocido, pero quizá era mi propio destino que ya se estaba forjando y ello comenzaba a producir en mi curiosas sensaciones…
Mi intención, además de saber, de una vez por todas que diablos había tras las misteriosas puertas bajo aquel cartel de neón hortera, era la de agenciarme con algún juguetito. Algo con lo que poder iniciarme y con lo que poder comenzar a explorar mi propio cuerpo.
La vergüenza que pasé cuando el dependiente comenzó a explicarme y a mostrarme todo lo que tenían, fue directamente proporcional a la satisfacción que sentía cuando algún señor que salía o entraba de una cabina me descubría paseando por ahí a mis anchas, sin, aparentemente, ningún tipo de reparo. Me hacía gracia como bajaban la mirada y huían de mi vista, avergonzados por lo que pretendían o lo que acababan de hacer en aquel local. Fue muy divertida la sensación de trasgresión que aquello me proporcionó.
Es curioso, igualmente, cómo, las primeras veces que vi una película clasificada X, me ruborizaba instantáneamente, y si estaba con más gente, era incapaz de mirar a la pantalla. Era algo superior a mis fuerzas.
Con el tiempo, esa actitud, evidentemente ha cambiado. Quizá no por lo que he vivido, todo en la misma línea que cualquier filme de Conrad Son, sino porque durante aquella época en que, por alguna razón, todo el mundo tenía la tarjetita pirata para decodificar el canal Satélite Digital, cuando no había nada interesante en la tele, que era muy a menudo, nos poníamos el 120, 121 o 122 y nos tirábamos toda la tarde viendo porno, tanto hetero cómo gay, y quizá así desmitificasemos un poco la cosa.
Lo mismo ocurre con el tema de los sex-shops. A veces añoro esa inocencia con que miraba a los hombres y con la que concebía el sexo. Parecía que un misterioso horizonte se abría ante mí de forma colosal. Hoy por hoy, ya he recorrido mucho de aquello que un día supuso un territorio inexplorado, pero al mismo tiempo, cada vez estoy más preparada y con más ganas para seguir tirando millas. Puede que ahora ya no haya ningún juguetito que me sorprenda, aunque, tal y cómo avanza la tecnología últimamente… Creo que esta misma tarde, iré a echar un vistazo… no sea que en una semana, hayan inventado algún nuevo artilugio...
Escrito porVirginia a las 02:03 PM | Comentarios (10)
Febrero 06, 2005
Urgencias...
Eso de comportarse como una niña buena, me esta matando. Yo, acostumbrada a mantener relaciones sexuales cada día, ahora que hace justo un mes que no tengo un orgasmo como Dios manda, voy que me subo por las paredes. ¡Y encima es Domingo! ¡Que agobio!
Estoy a punto de reventar. Si es que solo con ver un anuncio de ropa interior, me pongo cachonda. Ha llegado un momento que hasta ver a una tía en la MAN o la Primera Línea, de esas ligeritas de ropa, me excita…
Menos mal que mi kit de emergencias todavía sobrevive en el fondo de mi armario…
Por suerte la family se iba a comer fuera así que en cuanto me he quedado solita en casa, me he encerrado en mi habitación, y he esparcido todo el arsenal sobre la cama. Echaba de menos la textura tan agradable de ese látex gelatinoso color rosa chicle. He utilizado uno de los pequeñitos, con un accesorio monísimo, que además es de apariencia futurista y todo y que da mucho más placer que los que imitan la forma del pene. ¡El vibrador de Barbarella!
He tenido tres orgasmos seguidos, de los normalitos. Entonces me he seguido tocando, mientras veía en la tele una película de George Clooney (que típico) y de repente, sin esperarlo, la temperatura de todo mi cuerpo ha ascendido de pronto y yo, para secundarlo, he cerrado los ojos imaginando a Clooney amarrándome fuertemente por las nalgas e introduciéndose en mí hasta el fondo. El orgasmo ha sido apoteósico. Creo que a partir de ahora miraré “Urgencias” más a menudo…
Me alegro de conservar todos aquellos juguetes que tanto les gustaba utilizar a mis clientes. Mientras nadie descubra mi escondite, estoy a salvo, así que podré seguir utilizándolos en secreto con tranquilidad.
Si es que, cuando te acostumbras al sexo cómo yo me he acostumbrado, adaptarse a un ritmo más normal, es más difícil que dejar de fumar. En mi caso, antes de dos días, ya empiezo a sentir la "llamada de la selva", aunque, en esta ocasión, he tenido tanto trabajo y tanto que estudiar que ni tiempo me ha dado, pero ahora, estando echada en la cama, desnuda, con un poquito de incienso, música del Café del Mar y escribiendo relajadamente en mi portátil, me doy cuenta de lo que me he perdido todo este mes. Es tan placentero quedarse en silencio y en paz justo después de un intenso orgasmo, aunque no estoy del todo conforme. Para estar completamente feliz, necesitaría en estos momentos estar en brazos de mi amante… Que pena que se encuentre tan tan lejos.
Escrito porVirginia a las 06:37 PM | Comentarios (13)
Febrero 03, 2005
El Club de la Mascota Feliz
Hoy, en Crónicas Marcianas, he vuelto a ver a Valérie Tasso, la escritora francesa de Diario de una Ninfómana. Debe de ser la quinta vez que sale en el programa, al menos la tercera vez q sale como colaboradora de éste, junto a Dr. Joan Romeu ese psiquiatra tan simpático. Hablaban acerca de lo que han ido evolucionando los hábitos sexuales a través del tiempo, empezando con películas de cineX de principios de siglo, dónde han mostrado unas imágenes muy interesantes y divertidas, y acabando con Lady Monique de Nemours, para hacer alusión al BDSM. Me ha llamado la atención también que ese espacio, que siempre tenía lugar los lunes, lo hayan hecho un miércoles. Eso es para fastidiar al Buenafuente, seguro.
La semana pasada, hubo un programa que me pareció buenísimo, al menos los primeros minutos que pude ver, ya que luego empezaba Chicago en el plus y me interesaba más, aunque es una película que ya he visto varias veces. Regresando a CM, lo que me llamó tanto la atención fue la semi-parodia que Xavier Sardá hacía de su compatriota y competidor, Andreu Buenafuente, que desde hace poco está en Antena 3. Le imitó con el fondo, del puerto de Barcelona, la taza (gigante) y con la manera de hablar y de tratar los temas. No fue exagerado, y la verdad es que además de breve, no fue demasiado gracioso, pero el hecho de que lo hiciera es lo que me gustó. Apuesto a que no pasarán muchos años antes de que Crónicas Marcianas se explique cómo un fenómeno televisivo en las facultades de periodismo.
Valérie, el lunes anterior estuvo hablando de zoofilia, aunque no lo vi mucho rato. No es un tema que me apasione, la verdad, y aunque siempre he dicho que hay que probarlo todo en esta vida, creo que a la hora de la verdad, me lo replantearía. En el programa, salió también una chica a la que le ponían cachonda las serpientes, y se metió con una bastante grande en una bañera (lo pude ver porque fui haciendo zapping durante un rato, cambiando de canal cada 30 segundos) y aunque a mi, desde que tengo uso de razón, me fascinan las serpientes, estoy segura de que nunca podrían excitarme sexualmente.
Recuerdo que, mientras fui escort, un cliente que tuve, y con el que, además de hacer varios viajes por Europa, nos fuimos en una ocasión una semana a Brasil, le volvía loco imaginarme con un Pony.
Si, con un pony. Se imaginaba que yo, con jabón, le lavaba el pene y que el animalillo, poco a poco se iba poniendo a tono y que entonces, yo, desnuda, jugaría con ese descomunal genital alrededor de mi cuerpo, cubierta de espuma, y que incluso me lo introduciría… haciendo que se corriese finalmente sobre mi vientre. Le gustaba que yo le describiese la escena, con todo lujo de detalles, susurrándosela lentamente al oído, y con palabras muy obscenas. Menuda fantasía.
Escrito porVirginia a las 01:44 AM | Comentarios (18)
